Resulta paradójico que el Estado, señalado sistemáticamente como el ente más opaco, se arroga ahora la potestad de fijar el "rasero de la mentira" y exige un estándar de veracidad y transparencia

Una sociedad que castiga el ahorro y sospecha de la transmisión familiar envía un mensaje devastador: trabajen, paguen, cumplan, pero al final el Estado se presentará como el heredero de lo que no pudo quitarles en vida