Invito a los escritores y escritoras a que tomen aliento, intenten reflexionar pese a que no están acostumbrados, abandonen su arrogancia y detengan la inútil maquinaria literaria que, por lo demás, ya muy pocos utilizan

¿Alguien acaso se imagina una conversación que carezca de juicios absurdos o contundentes? Yo me declaro incapaz de mostrar precisión en mis juicios