Es distinto desear el bien que acabar con el mal. Lo primero es loable, lo segundo extravagante. El poder de la insignificancia no tiene parangón

Invito a los escritores y escritoras a que tomen aliento, intenten reflexionar pese a que no están acostumbrados, abandonen su arrogancia y detengan la inútil maquinaria literaria que, por lo demás, ya muy pocos utilizan

¿Alguien acaso se imagina una conversación que carezca de juicios absurdos o contundentes? Yo me declaro incapaz de mostrar precisión en mis juicios

Hace unos días ha visitado México una mujer experta en la frase hueca y autoritaria, y en la desvergüenza analfabeta, Díaz Ayuso