En su pretendida interpretación del ágora griega moderna, el celular puede convertirse en limitante de la capacidad de reconocer en la propia ignorancia el punto de partida para pensar. Algunas personas están plenamente convencidas de poseer el conocimiento universal con solo deslizar el pulgar sobre pantallas táctiles. Esta dependencia digital afecta el pensamiento crítico y suplanta la interacción humana real por gratificaciones diseñadas para retener la atención en la tiranía del algoritmo y el scroll.

En ese contexto, la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum de regular el uso de dispositivos móviles en los salones de clases, respaldada por la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, desde su agenda de bienestar emocional, es una necesaria intervención de salud pública.

Sócrates basaba su filosofía en el reconocimiento de la propia ignorancia, punto de partida indispensable para construir conocimiento real mediante el cuestionamiento constante.

Veinticuatro siglos después, las redes sociales operan bajo la lógica inversa, alimentando una ilusión de omnisciencia instantánea donde los motores de búsqueda ofrecen respuestas inmediatas a preguntas pocas veces formuladas con rigor.

El internauta asume sapiencia en geopolítica, economía o medicina tras consumir algunos videos de 40 segundos con música de fondo contagiosa. La regulación en los planteles educativos busca romper esta fantasía de sabiduría exprés, forzando a las y los estudiantes a convivir con la incertidumbre, entender el conocimiento como algo demandante y colectivo.

La construcción del pensamiento crítico requiere de la mayéutica, aquel arte socrático de dar a luz ideas a través de un diálogo vivo, confrontativo, empático. En contraste, el entorno digital somete al usuario al monólogo absoluto del algoritmo diseñado para mostrar contenidos afines a filias, fobias u obsesiones individuales.

En el diálogo platónico Fedro, el rey egipcio Thamus advertía a Theuth, inventor de la escritura, sobre los peligros de confiar ciegamente en los textos impresos: las letras proporcionarían apariencia de sabiduría, no la verdad misma, convirtiendo al ser humano en poseedor de una memoria externa carente de entendimiento real.

Advertencia milenaria con vigencia en la era del internet móvil, donde el acceso ilimitado a bibliotecas virtuales, bases de datos, resúmenes automatizados genera una peligrosa soberbia cognitiva en niñas, niños y adolescentes, y detona incrementos en niveles de depresión, trastornos del sueño, déficit de atención o ansiedad.

Si Sócrates o Platón fueran ahora a una plaza pública no encontrarían ciudadanos discutiendo sobre justicia o virtud, sino cabezas inclinadas inmersas en el infinito scroll.

@guerrerochipres

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