En la célebre narrativa cinematográfica de La ilusión viaja en tranvía (1954), Luis Buñuel retrató el viaje a bordo del vehículo número 133 como una odisea urbana donde la solidaridad comunitaria florecía desde la periferia, convirtiendo al vagón en un microcosmos de resiliencia y calidez popular.
Aquel viejo tranvía es antecedente directo del Tren Ligero, cuyo trayecto entre Taxqueña y Xochimilco ha representado un corredor vital en la conexión con las periferias, colocadas ahora en el centro de la política pública.
En ese contexto debe entenderse el reciente convenio entre el C5 y el Sistema de Transportes Eléctricos dirigido por Martín López Delgado, para fortalecer la seguridad con 56 tótems de videovigilancia instalados a lo largo de una ruta de más de 13 kilómetros, lo cual convierte a esta red de movilidad en la primera en ser monitoreada en todo su trayecto.
Estrategia similar a la empleada en ciudades como Phoenix, donde el tren ligero cuenta con una red de seguridad multicapa con cámaras fijas a lo largo de corredores viales y áreas de park and ride, o la Línea 1 del Tranvía de Budapest orientadas a las estaciones, tráfico circundante e intersecciones de las vías.
Aquella mística buñueliana del cuidado mutuo entre pasajeros encuentra referente institucional moderno. El vagón del tren deja de funcionar como un simple conducto de tránsito, transformándose en extensión segura de la plaza pública.
La urbanista Jane Jacobs acuñó la noción de "ojos en la calle”, argumentando la seguridad de los barrios mediante la presencia constante y vigilancia natural de la propia comunidad. Trasladar este principio al ecosistema del transporte masivo del sur de la Ciudad de México requiere un puente tecnológico capaz de subsanar los llamados puntos ciegos.
Con esa lógica de fortalecimiento de la habitabilidad urbana desplegada por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, la incorporación de dispositivos equipados con cámaras fijas y de 360 grados, así como botones de auxilio, dota al Tren Ligero de una mirada institucional permanente.
Así, la infraestructura tecnológica implementada en el trayecto de los convoyes opera como mecanismo visible que valida el contrato social de movilidad y reduce incertidumbres percibidas. El impacto más significativo de este despliegue tecnológico radica en su capacidad para modelar positivamente la percepción de seguridad entre los más de 110 mil usuarios diarios.
Al saberse respaldado por un sistema interconectado a la red de monitoreo urbano más densa del continente —cercana a las 119 mil 700 cámaras— el pasajero modifica su experiencia de viaje.
El tren de la seguridad está en marcha, y no es ilusión.
@guerrerochipres

