El oficialismo está dispuesto a todo con tal de preservar al poder. Han mostrado su rostro autoritario. Lejos de lo que algún día pregonaron, hoy ponen en práctica métodos y decisiones que socavan derechos y libertades. Son capaces de todo. De coartar la libertad de expresión, de estigmatizar y satanizar a quienes no comparten su proyecto, de utilizar a las instituciones de justicia para acosar judicialmente a políticos cuya voz crítica les incomoda. Hacen uso del manual pero ya no les funciona. Quieren distraer pero la realidad les acaba golpeando en la cara porque es imposible tapar el sol con un dedo. Difunden listas para acallar voces y en menos de 24 horas tienen que recular por la reacción contundente de medios de comunicación, periodistas, políticos, activistas y ciudadanos que simplemente no admiten retroceder un ápice lo que ha costado obtener a través de batallas campales. Quieren desviar la atención señalando con el dedo flamígero a los de enfrente pero la noche les cae encima colocándolos en el centro de una trama que demuestra que incluso pactaron con el crimen organizado para ganar elecciones o para abultar sus bolsillos.

Mientras tanto colocan al país en una situación muy vulnerable. Lo ponen de rodillas frente a las pretensiones de nuestro principal socio comercial y, también, frente a los intereses del crimen organizado que impone su ley así como secretarios de seguridad y gobernadores. Pero esto no les indigna. Como tampoco los mueve un ápice la realidad de las madres buscadoras y de millones de mexicanos que tienen que vivir con miedo por el terror esparcido por quienes secuestran, extorsionan y matan todos los días. Su indignación es selectiva. Sólo aplica para ellos que tienen un pacto de silencio, su propio omertá, porque como lo han reconocido si cae uno caen todos. El país se les cae a pedazos por su mal gobierno. La economía no crece, la deuda es cada vez mayor, han colapsado —de una manera criminal— el sistema de salud pública, la educación se ha vuelto adoctrinamiento, han quebrado a Pemex, sus obras faraónicas son ineficientes y costosas, la capital de la república es un desastre, se ha deteriorado la relación comercial con Estados Unidos, y han decidido que pueden disponer arbitrariamente de los ahorros de toda la vida de las y los trabajadores, lo que es un verdadero atraco aunque lo avale su Corte.

Ante esta situación es necesario derivar el foco de atención hacia la cancha de enfrente. Es momento de que la oposición deje a un lado intereses particulares y una sus manos para sacar a nuestro país de esta oscuridad a la que nos han llevado. No importan siglas ni ambiciones personales. La patria demanda hombres y mujeres dispuestos a defenderla. Están en juego gubernaturas, presidencias municipales y alcaldías que es posible ganar con un frente amplio opositor. De la misma manera es imprescindible que pierdan la mayoría calificada en la Cámara de Diputados para frenar la deriva autoritaria. No hay lugar para egoísmos. Es momento de tener altura de miras. De ser valientes y patriotas. Es momento de salvar a México.

Política mexicana y feminista

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