Después de un intenso y emocionante fin de semana en el LIV Golf Mexico City 2026, me puse a reflexionar sobre este deporte y su relación con los negocios, dos actividades que me apasionan.
Desde muy joven he invertido tiempo a entender el golf, practicarlo y perfeccionar mi estrategia. Con los años he confirmado que el golf tiene mucho en común con la vida y con los negocios.
Aunque no es un deporte particularmente popular en México, me he dedicado a promoverlo junto con mis hijos Benjamín y Hugo, porque el golf forma carácter y transmite valores sumamente importantes a los que como sociedad debemos aspirar: disciplina, autocontrol y responsabilidad personal.
Es el único deporte donde tú mismo marcas tus penalizaciones, para lo cual necesitas honestidad e integridad absoluta. Si eres ventajoso o haces trampa, así también eres en la vida. A mí me gusta llevar mis tarjetas de score muy ordenadas y ser meticuloso. Así deben ser también los negocios y es algo que le he transmitido a mis hijos: nadie más va a cargar con tus errores ni adjudicarse tus aciertos, tú debes responsabilizarte de tus actos.
Nadie juega por ti. Esa lección es muy poderosa. La competencia real no está afuera; está adentro. Implica superarte, corregirte, mantener la cabeza fría y objetivos claros.
Como en la vida, hay días en los que juegas bien y entras en un estado de confianza donde todo parece salir como quieres. Y hay días en los que arrancas mal, te empiezas a hablar mal a ti mismo y, entonces, todo lo que te dices se te cumple.
Por eso en otras ocasiones he hablado sobre el “chip mental” e insisto en la importancia del diálogo interno. El cómo te hablas importa e influye en todo lo que haces y, por supuesto, trae consecuencias.
Difícilmente vas a meter un hoyo en uno, tanto en el golf, como en la vida o los negocios. Pero un mal golpe tampoco significa que el juego se acabó. Los malos golfistas suelen quejarse cuando la bola no va a donde quieren y culpan al viento, al campo, a la pendiente, al pasto… casi nunca reconocen lo esencial: fueron sus propias decisiones las que los llevaron ahí.
En la empresa pasa exactamente lo mismo. El empresario y sus socios son quienes determinan el rumbo del negocio. No es el mercado, la regulación, los precios, ni cualquier otro pretexto que queramos inventar. Claro que el entorno influye, pero la responsabilidad final sobre los buenos o malos resultados recae en quienes toman decisiones. Al final, el éxito es resultado de tu desempeño, no de lo que hagan tus competidores. La competencia únicamente nos da fortaleza: te obliga a analizar qué estás haciendo bien, qué haces mal y cómo puedes mejorar.
Otra gran enseñanza del golf es que debes jugar la pelota desde donde está, no desde donde te gustaría que estuviera. Ese principio obliga a observar, a entender el terreno, a leer el entorno y a tomar decisiones con base en la realidad, no en la fantasía.
En los negocios pasa exactamente lo mismo: hay que conocer el contexto, entender a los competidores, leer bien las condiciones del mercado y actuar con inteligencia a partir de lo que hay. Muchas veces no gana el que tira más fuerte, sino el que mejor entiende el terreno.
En la vida corporativa, la desesperación por resultados rápidos suele desviar la estrategia. He aprendido que contenerse, analizar y concentrarse en objetivos específicos genera una ejecución mucho más potente que el simple impulso. No se trata de golpear más fuerte; se trata de golpear mejor.
Hay que recordar que nadie llega a la cima sin ayuda. Los mejores jugadores del mundo necesitan de un caddie o un coach que les ayude a detectar sus fallas y corregir la técnica. Pedir consejo no es señal de debilidad; es muestra de madurez. Nadie lo sabe todo. Y nunca descubrirás lo que te falta aprender si no tienes la humildad de preguntar.
Por eso me gusta tanto el golf. Porque más allá del deporte, es una forma de entender el mundo. Te enseña responsabilidad, honestidad, ejecución, disciplina, humildad y fortaleza mental. Te recuerda que nadie jugará por ti, que nadie decidirá por ti y que, al final, los resultados serán consecuencia de cómo pensaste, cómo te preparaste y cómo actuaste.
En la vida también hay que aprender a leer bien el terreno, mantener la cabeza fría, corregir el swing y seguir jugando.
Presidente y Fundador de Grupo Salinas
Sitio: https://www.ricardosalinas.com/
Twitter: @RicardoBSalinas
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