Dentro de diez o quince años, en un salón de clases, un niño abrirá el libro de Historia de México en el capítulo más incómodo del siglo XXI: la narcotransformación. Un periodo humillante en que el populismo —esa fiebre planetaria que parió gobiernos de vocación autoritaria— fue entregando pedazos enteros del Estado mexicano al crimen organizado. Fecha de arranque: 2018, la llegada de Andrés Manuel López Obrador.

El capítulo tendrá personajes. Los niños aprenderán que hubo un gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, acusado el 29 de abril de 2026 por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, junto con otros nueve funcionarios, de trabajar para Los Chapitos. Leerán en el expediente que Iván y Ovidio Guzmán prometieron asegurarle la gubernatura en una reunión custodiada por sicarios armados con ametralladoras. Y leerán el saldo de su mandato: casi tres mil asesinados y más de tres mil quinientos desaparecidos desde septiembre de 2024, mientras el gobernador pedía licencia y llamaba "falsas y dolosas" a las acusaciones.

Sabrán que el Estado de la narcotransformación lo defendió a piedra y lodo.

Se hablará del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum –y sus principales cuadros— más indignado por la forma en que se llevaron al peligroso capo, Ismael, El Mayo Zambada, que por las decenas de miles de muertos que dejó su medio siglo de imperio criminal.

Se hablará de un periodo de persecución en que denunciar al narco costaba la libertad o la vida: el alcalde Carlos Manzo, asesinado en Uruapan después de suplicar ayuda federal; el limonero Bernardo Bravo, ejecutado por señalar extorsiones; periodistas encarcelados por incomodar a un gobernador.

Se hablará, con dolor e indignación, del drama de las madres buscadoras y el saldo de los cientos de miles de muertos hallados en fosas clandestinas. Saldos como de una guerra civil.

Sí, también se hablará de la precuela narcotransformadora, de Genaro García Luna con Calderón, cómplice del cártel y preso en las últimas décadas de su vida, se hablará de la pax narca del priato que marcó el camino a la narcotransformación.

Algún niño levantará la mano y preguntará: ¿y nadie hizo nada?

Y entonces vendrá la historia del presidente que apostó por los abrazos, no balazos, que dijo que el narco también era pueblo, que visitó Badiraguato y que terminó en…

COLOFÓN. La gobernadora de Baja California apostó a ser tachada de ingenua antes que de soplona, traidora o de criminal. Más ingenuo es pensar que esa estrategia podrá funcionar, para apelar a la autoridad moral primero debes tener credibilidad. ¿Usted le cree a la gobernadora?

@LuisCardenas

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