La esperanza de que sin el presidente Trump habrá una buena opinión de México en Estados Unidos, además de no ser cierta, es inocente. En el nuevo ecosistema estadounidense, ese cambio no se dará gratis ni en automático. Los mexicanos no están ganando aceptación ni influencia.

En los años 90 se pensó que la eliminación de visas en América del Norte sería un bien para el interés de toda la región, como lo es en la Unión Europea. Ahora con una gran crítica a la integración comercial y con revisiones constantes al T-MEC, esa fusión laboral, educativa y libre tránsito de personas, que sí se consiguió en Europa, está fuera del debate.

En la víspera de las elecciones intermedias de EU, ni demócratas ni republicanos —en general— presentan una posición pro-México. Por el contrario, hay temas nocivos asociados a los mexicanos en las dos principales fuerzas políticas y en el electorado no partidista. Lo mexicano tiene una carga negativa, desde la economía, el comercio y la migración, hasta la violencia y el narcotráfico.

Lo tradicional son las críticas demócratas a los trabajadores mexicanos “baratos” y la carrera republicana para restringir migrantes. Lo nuevo son los latinos de EU que rechazan cada vez más a los indocumentados mexicanos y que ahora hasta en California los consideran un problema. Lo ingenuo es pensar que después de las votaciones de noviembre el Congreso estadounidense y la sociedad de EU tendrán algún interés en componer el prestigio de México.

La opinión pública estadounidense seguirá su curso, mientras la parte mexicana no haga esfuerzos por equilibrar lo que se piensa en territorio estadounidense, llámese abuso comercial, migrantes criminales o narcogobiernos. Mientras, perdemos terreno en dos consideraciones: reputación e intereses compartidos.

La reputación de México siempre ha estado dividida entre los blancos anglosajones, desde los que deciden vivir en una ciudad mexicana hasta los que lo consideran un país violento o de baja educación. Hoy es importante observar las tendencias de otros grupos. Más hispanos, afroamericanos y asiáticos piensan que los mexicanos no se adaptan, están poco dispuestos a seguir la ley y aprender inglés.

La evidencia muestra que es un error responsabilizar de todo el descrédito de México a Trump y a los blancos anglosajones. En 2019, más latinos consideraron que los cruces de la frontera eran un problema (75%), por encima de los blancos (70%) en California. En noviembre de 2025, William Dickens, miembro de la Fundación de Descendientes de la Esclavitud (American Descendants of Slavery), afirmó que los afroamericanos (black) han sido afectados tanto por la migración legal como ilegal: “nos dejan sin trabajo ni casa”. Para parte de la Unión Americana —blanca y no blanca— mexicano es sinónimo de indocumentado, sea por su gran número o simplemente por un prejuicio.

El conocimiento actual de la población de Estados Unidos acerca de México es bajo. Un ejemplo es el perfil de la presidenta entre el estadounidense promedio, donde ella contrasta con la mayoría de los prejuicios. En EU no se distingue a gran escala que hay muchos mexicanos que, como la presidenta Sheinbaum, son profesionistas, universitarios, hablan inglés y, cuando han estado en la Unión Americana, han aprendido sus reglas y costumbres. De hecho, tienen el perfil migratorio al que se da preferencia para facilitar una residencia o una visa.

Especialista en geopolítica y miembro de Comexi

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