Oportunamente, el patético exabrupto del señor que no es Andy nos distrajo de un problema mucho más grave: las listas de ciudadanos y medios que, al parecer de la Presidencia, ponen la libertad de prensa al servicio de la mentira y contra la soberanía de la Patria. ¡Ah, la libertad de prensa, ese viejo dilema!
Extirpemos algunos antecedentes sacados de los informes presidenciales —esos elocuentes rayos X del tórax nacional— para no olvidar la historia y arriesgarse a repetirla.
Por ejemplo, cuando Gustavo Díaz Ordaz (GDO) peroró en 1965: “El Gobierno tiene la obligación de escuchar y ponderar todas las opiniones, pero cuando de la expresión de las ideas se pasa a los hechos, es obligación del Gobierno velar por que no se causen daños a los bienes espirituales de la nación.” Es lindo, por similar, a nuestra actual 4T: hay libertad de opinión, pero hay expresiones que agravian la espiritualidad del Pueblo.
Seguía GDO: “Tenemos instituciones que permiten, pero contienen y desarman, los extremismos. Los permiten en cuanto no existe cortapisa alguna a la libertad de su pensamiento y a su expresión”, pero “los contienen, en cuanto la fuerza de la ley y la vitalidad de nuestras tradiciones para impedir las perturbaciones que tratara de causar cualquier grupo o tendencia.” Lindo y elocuente. El Humanismo Mexicano dice hoy: escribe lo que quieras, pero sin tendencias y sin perturbar nuestras tradiciones.
Nuestras instituciones, decía GDO, deben “desarmar las exageraciones verbales” y los “radicalismos irracionales” de la libertad de expresión, pero oponiéndoles el “único radicalismo válido”, que es la verdad de los hechos, siempre y cuando esa “verdad” la determine el radicalismo del gobierno.
GDO culminó con una profecía: “El empleo de la fuerza no debiera tener lugar nunca; pero los que sólo quieren libertad para sí y niegan la de quienes no piensan como ellos, cuando combaten la libertad de los demás atentan contra la suya propia”. ¿Avisó que la revolución transformada atentaría contra su propia libertad?
En 1967, GDO aún se ufanaba de su tolerancia, pero…: “Han ejercido su derecho de opinión y crítica aquellos que representan corrientes minoristas del país, confrontando sus convicciones ideológicas con las mayoritarias que unen al mexicano”. Regresaba al futuro de la 4T: como la libertad de expresión se mide con estadísticas, cualquier disenso minorista es aplastado por el bienestar mayorista.
Y luego sucedió el 68… GDO informó: “Se ha llegado al libertinaje en el uso de todos los medios de expresión y difusión; se ha disfrutado de amplísimas libertades y garantías para hacer manifestaciones y hemos sido tolerantes hasta excesos criticados; pero tiene su límite. No podemos permitir ya que siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico, como a los ojos de todo mundo ha venido sucediendo; tenemos la ineludible obligación de impedir la destrucción de las fórmulas esenciales, a cuyo amparo convivimos y progresamos.”
Díaz Ordaz cerró ese informe diciendo: “Progresamos al mantener incólume la más amplia libertad de expresión: su empleo sirve para ejercitar el derecho a la crítica y discutir con elevación. Progresamos aun en los contados casos en que esa libertad sólo sirve de drenaje para las más bajas pasiones. La libre expresión del pensamiento es principio vertebral del Gobierno, convencidos de que la libertad asegura la vigencia de las instituciones democráticas.”
Pero pasó el tiempo… En 2024, El Supremo dijo que la Estatua de la Libertad en Nueva York debía estar en México porque aquí si hay libertad. El señor que no es Andy es, todavía, la prueba.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

