El miércoles, mientras seguía pensando en los atajadones de Jordan Pickford, la chilena de Raúl Jiménez que terminó estrellada en la cabeza del defensor inglés Dan Burn o —peor aún— en el balón perdido en medio campo por parte de mi nuevo ídolo Gilberto Mora, decidí abrir X para despejarme un rato del futbol.

La idea era sencilla: Buscar algo de golf entre tanto Mundial.

Entre bastones y pelotas blancas, apareció una publicación que logró detener mi dedo: Un periodista estadounidense especializado en golf preguntaba algo interesante: ¿Cómo explicarían, en términos de golf, la rivalidad entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo?

La pregunta tiene sentido. La mayoría de las respuestas intentaban comparar a Messi y Cristiano con Arnold Palmer y Jack Nicklaus. Un ejercicio que, aunque atractivo, me parece un poco forzado.

La idea era colocar al argentino como el equivalente de Palmer, por su conexión con la gente, su carisma y la forma en que trascendió más allá del campo; mientras que el portugués sería Nicklaus, por su obsesión con la preparación, los récords y una mentalidad competitiva fuera de serie.

Pero conforme leía los comentarios, hubo una comparación que me hizo más sentido: Tiger Woods y Phil Mickelson.

Cuatro atletas extraordinarios que dominaron sus disciplinas, pero con historias paralelas.

Mickelson y Ronaldo llegaron primero al escenario. Ambos eran fenómenos antes de que aparecieran sus grandes rivales.

Phil era el talento zurdo que parecía destinado a ser la cara del golf; Cristiano era una estrella en ascenso, con una capacidad atlética pocas veces vista.

Entonces, llegaron Tiger y Messi. Y la historia cambió.

El estadounidense y el argentino no solamente ganaron. Transformaron la manera en la que millones de personas entendían sus deportes.

Dominaron épocas completas, rompieron récords y elevaron el nivel de exigencia para todos los que llegaron detrás.

Pero la comparación también tiene sus matices. Phil tiene algo que Tiger no puede presumir: Un récord positivo en enfrentamientos directos en el Masters. Mickelson venció a Woods en varias ocasiones —mano a mano— en Augusta, aunque eso no cambia que Tiger terminó con cinco chaquetas verdes, contra tres de su gran adversario.

Cristiano, por su parte, probablemente terminará su carrera con una cifra de goles superior a la de Messi, con la posibilidad —incluso— de alcanzar los mil tantos oficiales.

Un récord monumental que convivirá con el hecho de que muchos consideran a Leo como el jugador más completo que ha existido.

Y quizá ahí está la magia de estas rivalidades.

No se trata únicamente de estadísticas. Se trata de estilos, personalidades, momentos históricos y de cómo cada aficionado decidió vivirlas.

Porque, al final, Palmer contra Nicklaus, Tiger contra Phil o Messi contra Cristiano, no son solamente discusiones sobre quién ganó más.

Son conversaciones sobre generaciones completas que tuvieron la fortuna de ver a deportistas únicos compartir una misma época.

Abraham Neme Director General GOLF SHOT@abrineme

Comentarios