La amnesia histórica de los gobiernos es preocupante, omitir el reconocimiento de conductas del pasado, es dejar de analizar hechos que pueden ser útiles para realizar adecuadas acciones de gobierno. En las últimas semanas, ha habido múltiples menciones en los medios de comunicación sobre el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México. Este tratado nos ha traído indudables beneficios a la economía nacional.
La suscripción del mismo, se debe al presidente Carlos Salinas de Gortari, quien lo firmó el 18 de diciembre de 1992; y entró en vigor el 10 de enero de 1994 al ser ratificado por el Senado. El Tratado original, identificado como TLCAN, en el 2018, con Enrique Peña Nieto fue modificado por los tres países y se denominó Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
Con ese Tratado se ayudó a la economía mexicana a disminuir la competencia planteada por Japón y la Unión Europea. Así con la eliminación de aranceles en muchos productos, permitió un incremento notable en nuestras exportaciones a Estados Unidos, que alcanzó más del 30%.
Se establecen reglas para promover el acceso equitativo a los mercados de los tres países; se observa una mayor protección para los derechos de propiedad intelectual como un mayor combate a la piratería; se atiende también el aspecto ambiental para promover la protección de los recursos naturales y se prevé el aumento de las inversiones extranjeras para los tres países. Con el Tratado se ha buscado que las empresas mexicanas se modernicen para elevar su producción y ser competitivas en el mercado de los otros dos países. Existen otras muchas ventajas para nuestro gran país con este Tratado, este espacio no suficiente para enunciarlas. El presidente de Estados Unidos, desde hace semanas o meses, ha venido cuestionando el mantenimiento de ese Tratado ante su anunciada política de incrementar aranceles, en beneficio de su economía. Nuestro Secretario de Economía anunció que el Tratado será revisado anualmente. Lo anterior implica que aun cuando le quedan diez años de existencia, deberá ser revisado cada año para hacerle las adecuaciones que se estime necesario realizar. Con lo anterior nos preguntamos, ¿serán solamente razones de carácter económico las que llevan a esa decisión a las autoridades americanas, o será también resultado de las referencias constantes que ha hecho el mismo presidente Trump en relación con la influencia de narcotraficantes en el gobierno? ¿Invita esa postura sobre el Tratado a la negativa de obsequiar la extradición de determinados políticos sin haber sustentado justificadamente, como puede hacerse, el que no se les haya enviado?
Hemos de reconocer que al presidente Carlos Salinas —a quien la 4T pretende calificar como neoliberal de manera peyorativa— se debe ese documento por el que esta administración ha estado luchando no con los mejores resultados. Esperemos lo reconozca, porque si tiene memoria para evocar lo que pasó hace más de 500 años, también la tenga para recordar las inteligentes acciones patrióticas del Presidente de hace 34 años.
Por cierto, ahora que vino el Rey de España, nuestra Presidenta tal vez le ofrecería disculpas por el 30 de junio de 1520, que fue la derrota de Cortés conocida como de la “NocheTriste”.
Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

