Hace algunos años, el colombiano Rodolfo Llinás dio una conferencia sobre arte y cerebro en donde afirmó que “El arte es la expresión activa de la actividad esencial del sistema nervioso…Como el lenguaje, el arte es una explosión de sentimientos y emociones, a veces de felicidad, otras de dolor. Sonidos, colores, vibraciones, música literatura o pintura, son formas artísticas que representan al mundo, lo que uno está sintiendo o pensando… la mejor y más profunda expresión de nuestras esencias” (puertodeideas.cl) El Dr. Llinás es una eminencia en todo lo que se refiere a neurociencia con más de 800 artículos publicados en distintos medios, vamos, sabe de lo que está hablando. El arte propone emociones con las que la audiencia se identifica, empatiza, o, todo lo contrario; es subjetivo, caprichoso y muchas veces producto de una persona cuya ética o principios chocan con reglas sociales elementales, de allí la eterna discusión sobre si se puede separar el arte del artista y demás. Por otro lado, algunos artistas han perpetuado el mito de que es importante e inclusive necesario alterar el pensamiento por medio de substancias para fomentar el proceso creativo, y si bien las drogas o el alcohol pueden desinhibir o alterar la percepción del mundo que nos rodea, el resultado final no garantiza mayor veracidad o sentimiento y, en cambio, su mal uso puede ser mortal.

Todo esto viene a propósito del regreso y popularidad de las micro dosis de hongos psilocibios o alucinógenos que tuvieron su primera ronda de notoriedad con el personal de Silicon Valley y las famosas raves en los años noventa, gracias a sus compuestos que afectan el sistema nervioso central y por ende la percepción, el estado de ánimo y los procesos cognitivos. Terence McKenna, también conocido como “el Timothy Leary de los 90” fue uno de los precursores y defensores de la medicina psicodélica responsable y, aunque varias de sus teorías y propuestas han sido comprobadas y aceptadas, otras han sido ridiculizadas. Lo interesante es que en su última entrevista -1998- McKenna habla de sus experiencias con “el hongo”, de la etapa final de la especie humana, del como la vida irá cambiando y volviéndose cada vez más extraña por lo que pasará a ser parte de la conversación diaria, de la invención de vida artificial, la clonación de humanos y la posible aparición de extraterrestres, entre otras cosas que hoy en día son prácticamente realidad. Al mismo tiempo, predijo los terribles actos de genocidio, racismo, homofobia, hambruna y demás atrocidades que estamos atestiguando.

Hoy en día, los hongos que contienen psilocibina, psilocina y baeocistina son muy populares ya que se ha comprobado su eficacia contra la ansiedad, la depresión y otros problemas de salud mental que normalmente se tratan con medicina convencional. Además, son de fácil cultivo y propagación. Pero, hay que saber cómo, cuánto y con quien. En Australia y Canadá, por ejemplo, son perfectamente legales para uso medicinal, en algunos territorios de Estados Unidos existen clínicas especializadas en donde un profesional y experto en la materia acompaña al paciente durante la sesión y evitar “malviajarse”. En México y Centroamérica las plantas y hongos con efectos psicoactivos han sido utilizados desde antes de la llegada de los españoles y en Oaxaca y alrededores siguen siendo parte de rituales shamánicos, siendo María Sabina la mejor conocida en la historia de su uso. Entonces qué, ¿un chocohongo?

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