Hace unos días, más de 70 mil personas de Marruecos pasaron a Ceuta, un enclave español en Marruecos, en una migración masiva y repentina que generó noticias alrededor del mundo. La mayoría de ellos llegaron nadando, con más de 100 vidas perdidas en el mar.
Todo empezó porque una decisión de la Suprema Corte de España había determinado que el gobierno español no podía regresar de forma expedita a los marroquíes que fueran interceptados llegando a Ceuta por mar. Probablemente algunos guías de migrantes emprendedores empezaron la estampida, lo cual se prendió rápido por la información que circulaba en las redes sociales.
En cierto sentido, este evento recuerda a un largo periodo durante la administración del presidente de Estados Unidos Joe Biden, cuando decenas de miles de migrantes cruzaron la frontera entre México y Estados Unidos cada día, buscando mejores opciones de vida. Las imágenes de esas migraciones masivas alentaron una reacción negativa contra los migrantes en Estados Unidos y nutrieron el regreso a la presidencia de Donald Trump, quien prometió cerrar la frontera y expulsar a los migrantes indocumentados que ya estaban dentro del país.
Pero había dos diferencias claves. Por un lado, los migrantes llegando a territorio español eran en su gran mayoría del vecino país, mientras los que cruzaban la frontera entre México y Estados Unidos eran mayormente de otros países y habían transitado por México antes de cruzar. Por otro lado, casi todos los marroquíes que cruzaron a Ceuta fueron regresados a Marruecos dentro de otras 24 horas. La crisis duró sólo un día y se resolvió al otro día. El gobierno español los regresó a Marruecos y el gobierno marroquí los recibió de vuelta sin mayores preguntas.
El gobierno español tiene una política migratoria que parece ser de las más abiertas en el mundo. El presidente siempre reafirma lo importante de los migrantes en la economía y el tejido social del país, y el gobierno acaba de concluir un periodo de regularización en que más de un millón de migrantes solicitaron sus papeles legales. España también ha dotado de un permiso humanitario especial a miles de venezolanos, quienes han huido de su país, y reasentado a ucranianos y nicaragüenses escapándose de sus países, unos por motivo de guerra, y los otros por motivo de represión.
Pero esta apertura a la migración, que se refleja en una población que también expresa una opinión pública mayormente favorable a la migración, se basa en un control férreo de las fronteras externas del país. A través de acuerdos con Marruecos, Senegal y Mauritania, el gobierno español evita que salgan migrantes de las costas de estos países, a cambio de visas para nacionales de esos países, apoyos económicos y decisiones diplomáticas a veces favorables a sus intereses.
Los que sí logran evadir estos controles son los latinoamericanos, quienes llegan en avión sin necesidad de visa, y se quedan más allá de su tiempo permitido. Pero como la llegada de los latinoamericanos casi no se nota y se integran rápido en el tejido social por la afinidad lingüística y cultural, no genera tanto debate, como las llegadas irregulares en frontera, que generan un sentido de descontrol.
En España, el control de las fronteras y la apertura a la migración no son temas opuestos, sino más bien parte del mismo paquete. Evitar las imágenes de llegadas masivas de migrantes por las fronteras externas permite tener mayor apertura en políticas de migración y en promover la integración.
Y cuando se cayó el sistema en Ceuta hace unos días, los gobiernos de Marruecos y España actuaron rápido juntos, entendiendo que había que restablecer el orden en la frontera para no permitir que surgieran más voces en contra de los migrantes, que podrían poner en peligro las políticas abiertas de España y el bienestar de los más de un millón de marroquíes que viven en España.
En un futuro, este es el tipo de relación que quizás convenga establecer entre México y Estados Unidos también, por lo menos una vez que haya una administración en el vecino país que no esté empeñada en sólo deportar a migrantes sino en tener una política migratoria equilibrada, que fomente la migración legal, busque la integración y también evite los cruces irregulares.
Presidente del Instituto de Políticas Migratorias

