Jon Favreau regresa de nueva cuenta a los orígenes de Star Wars: los viejos seriales de aventuras tipo Flash Gordon, el western y el cine de Kurosawa.

Uno de los peores vicios que nos ha contagiado el cine de Marvel es creer que absolutamente toda narrativa fílmica debe estar conectada: que todo debe ser un episodio de una historia mucho más amplia y grandilocuente.

Jon Favreau, el creador de Baby Yoda y director de la nueva cinta del universo Star Wars, The Mandalorian & Grogu (EU, 2026) se revela ante esa noción con esta reciente entrega, que no es sino una historia de aventuras muy a lo Flash Gordon o Buck Rogers.

Y es que si hay alguien que entiende el origen de Star Wars es Favreau mismo quien, con la serie de Disney Plus, The Mandalorian (2019-2023), regresó Star Wars a sus orígenes, que no son sino el género western, los viejos seriales televisivos de aventuras (los ya mencionados Flash Gordon y Buck Rogers), así como el cine de Akira Kurosawa.

La saga del mandaloriano -un arquetípico man with no name, a lo Clint Eastwood- no es sino un regreso al western. El mejor Star Wars no es aquel que sucede en ciudades prístinas (Naboo en las precuelas), es aquel que sucede en la frontera, en cantinas de mala muerte, en ciudades llenas de crimen y planetas inhóspitos donde la muerte ronda en todas partes.

En esta nueva aventura, Mando y Grogu trabajan para la Nueva República, cazando a los criminales de guerra del viejo imperio. Imaginen un juicio de Nuremberg pero en el espacio.

Para conseguir información de un misterioso lugarteniente del derrotado imperio, el Mandaloriano junto con Grogu irán en búsqueda de unos Hutts, concretamente el hijo del mismísimo Jabba The Hutt. Pero obviamente la misión no será fácil, pero estará llena de aventura.

John Favreau, el creador de Baby Yoda y director de esta cinta, se revela frente a esa noción en su más reciente entrega, The Mandalorian And Grogu. Y es que el principal aporte de Favreau al universo Star Wars es regresarlo a sus orígenes, que no son otros sino el western, los seriales televisivos de aventuras y el cine de Akira Kurosawa.

Es cierto, esta película parece más otra temporada de la serie televisiva que vio nacer a estos personajes, pero también es cierto que esta entrega nos remite justamente al cine de aventuras clásico, el de Buck Rogers y Flash Gordon, películas cuyo único objetivo era contar la nueva aventura del héroe en turno.

Las referencias van más allá del ya comentado origen de Star Wars: es clara la inspiración en Blade Runner (1982), las referencias a The French Connection (1971) y la inspiración -para las no pocas escenas de peleas con monstruos- en el trabajo del legendario animador Ray Harryhausen.

Claramente esto estaba pensado como otra temporada de la serie, se nota principalmente rumbo a la segunda mitad, cuando el ritmo de la película cambia radicalmente, en una jugada que -dado el ritmo kinético al que nos tienen acostumbrados en este tipo de historias- podría calificar de osado por parte de Favreau. Y es que, definitivamente no es común que una cinta de Star Wars se convierta prácticamente, en una película muda.

Hay un tema central en la película, que no es sino uno de los temas recurrentes de toda la saga Star Wars: la paternidad. Los padres cuidan a los hijos y luego los hijos cuidan a sus viejos. “That is the way”.

Y claro, en una de las más sonadas tradiciones de Star Wars, uno de los personajes en esta cinta se pregunta si es posible que los hijos escapen a los pecados de los padres. Luke Skywalker y el hijo de Jabba The Hutt podrían tener una conversación interesante al respecto.

Sí, es cierto, esta historia es absolutamente inconsecuente, pero celebro que alguien siga haciendo películas de Star Wars tan cercanas a sus orígenes y utilizando -en la medida de lo posible- marionetas reales y no CGI para la creación de sus personajes. Celebro además que Favreau tenga tantos amigos, como Guillermo Del Toro, quien asesoró al director en la creación de los monstruos que salen en pantalla. O Martin Scorsese, quien accedió a hacer un (hilarante) cameo dando voz a una criatura que bien pudo ser un informante en Goodfellas (Scorsese, 1990).

Con todo y sus no pocos defectos, The Mandalorian & Grogu es más disfrutable, e incluso profunda, que las asquerosas secuelas. Esas siguen siendo totalmente descartables.

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