Gerardo Naranjo regresa con una comedia negra cuya trama parece que la estamos viviendo en tiempo real.
En algo que solo puedo calificar como una exquisita coincidencia, la nueva cinta de Gerardo Naranjo (Drama/Mex, Miss Bala) - El Yerno (México, 2026)- trata, nada más ni nada menos, sobre cómo un don nadie sube inesperadamente la escalera del poder político en algún estado ficticio de México (Albacruz), hasta llegar a Fiscal General del estado, puesto donde se ve ¿tentado?, ¿obligado? a pactar con un grupo de narcotraficantes con tal de mantener la paz.
Cualquier parecido con la realidad es mera casualidad, pero vamos, habría que reconocer que el timing para estrenar esta cinta es perfecto.
El yerno del título es José Sánchez (Adrián Vázquez, formidable), quien de adolescente fue enviado a vivir con su abuelo (un ex militar retirado) para esconderse de ciertos narcos de poca monta con quien tuvo un ligero inconveniente.
Ya de adolescente se hace amigo de Diego (David Gaitán) cuya familia es un clan político con cierto poder en el estado. José se enamora de Lucía (Verónica Bravo), la hermana de Diego, y ella le corresponde. Las divertidas escapadas de sexo furtivo derivarán en un matrimonio que con el tiempo se volverá gris, pero ello al menos asegura a José un lugar en el negocio familiar: una empresa de transporte que, luego sabremos, tiene un cliente muy “especial” que mueve en sus camiones mercancía ilegal.
Es ahí donde este “yerno incómodo” (más por su linaje que por sus negocios) comienza una relación de conveniencia que poco a poco se convierte en algo que parece verdadera amistad. Se trata de “El Lobo”, uno de los lugartenientes de los muchos carteles que operan en el estado. Algo pasa entre El Lobo y José (ya para entonces apodado La Serpiente), su amistad, que en principio parece mera conveniencia, se vuelve tan cercana como real.
Se trata pues de una nueva historia de esta Tragicomedia Mexicana (José Agustín, Planeta, 1990) que vivimos todos los días. Aquel sueño mexicano que básicamente consiste en hacer válido aquel refrán tan nuestro: “diosito no me des, mejor ponme dónde hay”.
José se involucra en política por la puerta de atrás: ayuda - junto con su amigo Lobo- a llenar de acarreados el mítin de algún candidato. Por su lealtad y astucia es nombrado secretario de transportes y luego, cuando hacía falta un tonto que se echara encima el puesto de Fiscal General, el tonto más a la mano fue José.
Por supuesto, no es la primera vez que vemos una historia similar. En el cine mexicano, las palabras “sátira” y “política” estarán siempre ligadas al nombre del realizador Luis Estrada. Sin duda, El Yerno nos recuerda a La Ley de Herodes (1999) y El Infierno (2010), pero Naranjo -quien en 2011 llevó con notable solvencia otra historia de narcotráfico en Miss Bala (2011)- no suele usar esa crayola gruesa con la que Estrada hace todo su cine.
Aquí el tono es completamente distinto, más cercano a la comedia negra y menos a la farsa, con tintes de serial televisivo pero siempre con un pie en el “México real”, a pesar de que toda la acción sucede en un estado ficticio que claramente es Veracruz.
El guion, a cargo de James Schamus, Gabriel Nuncio y Alejandro Aldrete, plantea un escenario inédito en el cine mexicano: un cuadro de amistad real entre un político y un narcotraficante. El “bromance” de esta pareja (ahora sabemos tan común en México) humaniza a ambos monstruos, al grado de incluso de empatizar con ellos. Decisión osada de los guionistas pero que justo es lo que sitúa a esta cinta como un animal muy diferente en el amplio espectro de cintas mexicanas que hablan sobre temas del narco.
El final -tan predecible como inevitable, casi Shakesperiano- habla sobre una práctica que al parecer era del viejo régimen: quien tenía que caer, caía, y todos alrededor se deslindaban del fruto podrido. Pero ahora, ateniendo a los hechos recientes, lo nuevo es arropar a la manzana llena de gusanos, y defenderla con toda la fuerza del estado, al fin y al cabo el árbol completo ya está corrompido.
El Yerno se puede ver en Netflix.
Entrevista con Adrán Vázquez, protagonista de El Yerno.
¿Cómo describirías a tu personaje?
Es un personaje tipo Breaking Bad, que empieza a hacer cosas con una intención y con un objetivo y de repente, ¡PUM!, el poder lo cambia y se transforma en otra cosa. Me gusta mucho el periplo que lleva a este personaje desde su adolescencia hacia esta parte de su vida donde reconocemos que hay algo atroz en él.
¿Fue difícil mantener el tono de tu actuación a lo largo de la película?
Para mi la película tiene un tono híbrido, el personaje juega de repente hacia un lado y hacia otro. Nosotros como intérpretes seguimos el guion, pero el tono al final está más del lado del montaje.
La película tiene varios guiños hacia personajes actuales y cosas que están sucediendo ahora mismo, ¿te inspiraste en alguien en particular para hacer el personaje?
Los referentes son muchos, los actores tenemos muchos referentes, empezando por el guionista, por el director. Para la fisicalidad del personaje pensé en Shakespeare, y ver en esas tragedias cosas del personaje.
¿Por qué crees que es importante contar estas historias?
Si negamos parte de la historia estamos condenados a repetirla. No comparto la idea de “abrazos no balazos”, me parece que es una estupidez. Pero sí creo que tenemos que revisar por qué estos seres humanos toman las decisiones que toman. No polarizar sino atacar el problema de raíz y ello pasa siempre por lo humano.
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