La polarización que atraviesa América Latina no es el origen de la crisis democrática en la región, sino una consecuencia directa de su deterioro institucional, advirtió el politólogo Aníbal Pérez-Liñán durante un seminario internacional organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Al dictar la conferencia inaugural del Seminario Internacional Nuevas Aproximaciones a la Medición Democrática en América Latina, el académico —director del Instituto Kellogg de Estudios Internacionales, de la Universidad de Notre Dame— cuestionó la idea predominante que vincula la polarización como causa del debilitamiento democrático.
“Quizás hemos pensado siempre en la polarización como la causa de la erosión democrática; quizás deberíamos considerar que la relación es inversa”, planteó.

Desde el aula Dr. Guillermo Floris Margadant, el investigador presentó evidencia empírica basada en datos del proyecto Varieties of Democracy Project, que analiza 18 países latinoamericanos entre 1975 y 2025.
Según explicó, los cambios en la polarización no tienen efectos significativos sobre los niveles de democracia; en contraste, el deterioro democrático sí incrementa la polarización social.
El análisis muestra que, cuando se debilitan las instituciones democráticas —como en Venezuela desde 1999, así como en Nicaragua, El Salvador o Brasil—, los niveles de polarización aumentan de manera consistente al año siguiente.
“La polarización es un producto de la erosión democrática e incluso puede ser una estrategia deliberada de gobiernos que buscan profundizar ese deterioro”, sostuvo Pérez-Liñán, retomando planteamientos del politólogo Javier Corrales.
En sus comentarios, la investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Flavia Freidenberg, subrayó el alcance de esta “causalidad inversa”, que desafía décadas de literatura académica.
“Durante mucho tiempo asumimos que la polarización generaba erosión democrática. Esta investigación plantea lo contrario: que es el deterioro institucional el que incentiva la polarización”, explicó.
Freidenberg advirtió que esta perspectiva tiene implicaciones prácticas: “Si la polarización es consecuencia, atenderla sin enfrentar el deterioro institucional sería tratar el síntoma y no la enfermedad”, al tiempo que enfatizó la responsabilidad de las élites políticas en estos procesos.
La directora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Mónica González Contró, destacó la necesidad de revisar los métodos actuales para evaluar la calidad democrática.
“Las mediciones de democracia han pasado del ámbito académico al debate público. Sin embargo, aún debemos perfeccionar herramientas que permitan comparaciones más precisas y reduzcan sesgos metodológicos”, señaló.
Añadió que los desafíos actuales difieren de los que dieron origen a los primeros indicadores: “Las amenazas contemporáneas, como los procesos de autocratización, exigen nuevas formas de medición, así como preguntas sobre cómo evaluar la resiliencia democrática”.
El seminario forma parte del proyecto PAPIIT Cambios dentro de la democracia: retrocesos, resistencias y resiliencias y continuará con mesas de análisis sobre calidad democrática, populismo, derecho internacional y ciudadanía.
Las actividades concluirán este 16 de abril con la conferencia sobre el impacto de la inteligencia artificial en las democracias, a cargo de la especialista Delia Ferreira Rubio.
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