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Bruselas.— El presidente ruso Vladimir Putin, quien ha demostrado gran habilidad por poner a prueba los límites geopolíticos y antagonizar hábilmente a sus adversarios, parece que ni siquiera con los desaciertos del mandatario Donald Trump puede inclinar la balanza a su favor en el conflicto que inició con Ucrania.
Por el contrario, por primera vez desde la contraofensiva ucraniana de hace tres años, el rumbo de la guerra está cambiando a favor de Kiev, que ha mostrado que a pesar de los altos precios del petróleo, la reducción del apoyo militar estadounidense y el desvío de la atención pública hacia la crisis en el golfo Pérsico, puede incluso arrebatarle territorio a Moscú.
De acuerdo con Ondrej Ditrych, analista del Instituto de Estudios sobre Seguridad de la Unión Europea (EUISS), la situación podría estar llegando a un punto en el que Putin tendrá que elegir entre aguantar como pueda o la escalada, escenario ante el cual los socios europeos de la OTAN deben estar listos.
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“La economía rusa aún no se ha derrumbado, ni tampoco su campaña militar contra Ucrania. Sin embargo, el Kremlin está hipotecando el futuro del país a medida que comienzan a aflorar las debilidades estructurales subyacentes de la economía.
“Lo más probable es que el régimen intente sortear estas dificultades. Pero si Putin llega a la conclusión de que el tiempo ya no juega a su favor y de que se está cerrando la ventana de oportunidad para congelar la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania en condiciones favorables, podría optar por una escalada”, advierte Ditrych. Los ataques recientes contra Ucrania, incluyendo con misiles hipersónicos, podrían apuntar en esa dirección.
La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero cayó como un tanque de oxígeno para Putin. Las arcas públicas estaban sufriendo por los bajos precios de los combustibles y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. Además, el presidente estadounidense Donald Trump presionaba exigiendo avances frente a la paz en Ucrania. El ataque a Teherán invirtió la tendencia y benefició a Moscú. Los precios del petróleo escalaron, al igual que las exportaciones. El Fondo Monetario Internacional mejoró sus notas y añadió 0.3% en sus perspectivas de crecimiento para este 2026, hasta 1.1% del PIB. Se estima que el presupuesto federal habría recaudado 9 mil millones de dólares en impuestos relacionados con la extracción de petróleo durante el mes de marzo, el doble que en febrero.
“El bloqueo del estrecho de Ormuz y el consiguiente aumento de los precios mundiales de las materias primas energéticas y fertilizantes minerales han impulsado significativamente los ingresos presupuestarios de Rusia y aliviado la presión de las sanciones estadounidenses”, indica un análisis publicado por el Centre for Eastern Studies (OSW, por sus siglas en polaco) con sede en Varsovia, Polonia.
“Además, ha surgido una oportunidad para captar nuevos mercados e incrementar las exportaciones a los clientes existentes, lo que podría conducir al establecimiento de nuevas relaciones comerciales más permanentes. Esto ha aliviado considerablemente la presión sobre las finanzas públicas rusas, facilitando al Kremlin la continuación de su invasión de Ucrania”, detalla el documento.
Al dinero fresco inyectado a la máquina de guerra se sumó el ablandamiento de las sanciones estadounidenses, la disminución de la atención por la causa ucraniana y la reubicación de sistemas de defensa aérea de Kiev hacia las fuerzas estadounidenses en Medio Oriente.
Por si las buenas noticias no bastaran, Trump anunció la retirada de 5 mil hombres de suelo europeo y continuó desestabilizando la alianza trasatlántica, acusando a los socios europeos de “cobardes” por no acompañarlo en su cruzada contra Irán.
Pero el salvavidas lanzado por Trump a Putin en el contexto de la agresión bélica contra Irán, no alteró la ecuación en la línea de fuego; por el contrario, la balanza se ha inclinado ligeramente a favor de Ucrania.
Guerra sin soldados
Los centros de investigación coinciden en que el elemento que está definiendo el curso de la guerra es el tecnológico y Ucrania lleva la mano. Las fuerzas del presidente Volodimir Zelensky han avanzado con rapidez en la transición a la guerra sin soldados en tierra, la que ejecutan remotamente operadores situados a kilómetros de distancia de la línea de fuego.
Los avanzados drones ucranianos equipados con armamento, inteligencia artificial y sistemas para neutralizar los inhibidores rusos enfrentan soldados mal entrenados que se ven incapaces de responder a un enemigo que no ven. Esto está teniendo un impacto sicológico devastador en las filas del ejército ruso, cuyo número de bajas ha superado el de cualquier otra guerra rusa desde la Segunda Guerra Mundial.
Medios de comunicación rusos en el exilio, como Meduza y Mediazona, calculan que unos 352 mil soldados rusos habrían muerto en la guerra con Ucrania entre 2022 y 2025. En la guerra en Chechenia fallecieron entre 13 mil y 25 mil (1994-2009), mientras que en la de Afganistán, entre 14 mil y 16 mil (1979-1989). El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés) estima que las fuerzas rusas perdieron el control de 116 kilómetros cuadrados en abril. Sostiene que es prematuro determinar si se trata de un cambio sobre el terreno o responde a una cuestión estacional, pero es evidente que hay una desaceleración del avance ruso desde noviembre pasado.
“El aumento de los precios del petróleo no resolverá los problemas económicos de Rusia”, señala el análisis del OSW elaborado por los estudiosos Witold Rodkiewicz, Iwona Wisniewska y Filip Rudnik. Rusia enfrenta retos emergentes que tienen que ver con problemas estructurales y la presión ejercida por la guerra: escasez de mano de obra, inflación y un creciente déficit.
La economía rusa se desaceleró drásticamente en 2025, hasta alcanzar un crecimiento de alrededor de 1%, frente a 4.9% de 2024; y este año no pinta mejor. Los tipos de interés siguen siendo altos, el consumo está cayendo y el Banco Central reporta gran escasez de mano de obra; la tasa de desempleo es de 2%. El número total de muertos, heridos y desaparecidos rusos probablemente supera el millón.
“Moscú no tiene mucho que celebrar en el campo de batalla. Ucrania ha recuperado la ventaja en la guerra de drones, causando más bajas entre las fuerzas rusas. Al mismo tiempo, es probable que el reclutamiento de nuevos soldados se esté ralentizando, ya que ni siquiera el aumento de las primas por firma de contrato parece atraer ya a un grupo cada vez más reducido de posibles voluntarios. Como consecuencia, Rusia está empezando a tener dificultades para reponer sus bajas en el campo de batalla”, sostiene el reporte del EUISS.
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Señala que Ucrania también enfrenta escasez de personal, pero lo está compensando con tecnología que seguirá desarrollando gracias a los 60 mil millones de euros puestos a disposición por la UE.
Adversidades
La incursión de Trump en Irán puede que haya generado beneficios políticos y estratégicos a Rusia, pero muy probablemente no sean suficientes para compensar los perjuicios colaterales. “La guerra en el golfo Pérsico también tiene una serie de consecuencias negativas para Rusia. Sobre todo, ha frustrado las esperanzas iniciales del Kremlin, basadas en su valoración de que la política de la administración Trump estaba orientada a reducir la implicación global de EU”, señala el reporte del OSW.
Los ataques a la red de aliados rusos, Venezuela, Cuba e Irán, han dejado claro al Kremlin que enfrenta a una administración decidida a restaurar la hegemonía global de EU, incluso mediante el uso militar.
“Al Kremlin le ha preocupado especialmente la capacidad demostrada por las fuerzas armadas estadounidenses para llevar a cabo ataques sorpresa destinados a eliminar a los líderes políticos y militares de un Estado”, dice OSW.
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La guerra en el golfo Pérsico además ha puesto de manifiesto la incapacidad y falta de preparación de Moscú para proporcionar apoyo significativo a un aliado cercano, como Irán.
Como bien lo ha señalado Natalie Sabanadze, investigadora del Chatham House de Londres, a Moscú no le ha quedado otra opción que “priorizar la guerra en Ucrania por encima de sus compromisos en Venezuela, Siria e Irán, mientras Trump redefine el orden mundial”.
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