Terminó el Mundial y, como lo anunció, la Presidenta Claudia Sheinbaum inició el abordaje del problema de la regulación aplicable a las tecnologías que están transformando la realidad planetaria a gran velocidad. El uso de la Inteligencia Artificial nos impone la revolución tecnológica más apabullante y vertiginosa que haya experimentado la Humanidad. Lo primero que debemos aceptar es que la regulación incidirá en las formas de comunicación, debiendo ajustarse a las limitaciones aplicables a la libertad de expresión, y que eso no implica censura.
De los aspectos a cuya atención convocó la Presidenta tiene enorme importancia la regulación del uso de los celulares en las escuelas. Al respecto, creo que ni siquiera es necesaria una gran consulta, pues se podría deslizar a la discusión de los derechos de los padres o, peor aún, de los niños, cuando aquí el derecho en juego es de carácter social: el de la educación, que a la vez implica una obligación. En ese plano, favorecer el interés superior del menor se vincula con la satisfacción de sus necesidades y no necesariamente con la exigencia de sus derechos. En este aspecto la admonición maternal que acompañaba al cumplimiento del deber no grato: “Es por tu bien”, resulta perfectamente aplicable.
Además, la Constitución dice que la escuela debe educar para la vida, entonces debemos aprender desde pequeños que esta nos impone el acatamiento de reglas indispensables para la convivencia, las cuales implican limitaciones que la autoridad está lícitamente facultada para hacer cumplir. Tengo la impresión de que a las nuevas generaciones les estamos inculcando de manera desequilibrada la defensa de sus derechos sin que le otorguemos el mismo énfasis al cumplimiento de sus obligaciones.
Como profesor universitario me consta la disrupción educativa que implica el uso de teléfonos celulares en las aulas y lo difícil que resulta a esas alturas imponer la debida disciplina a los estudiantes. Por eso me parece que urge empezar a aplicar una prohibición del uso de teléfonos inteligentes en toda la educación básica. Al respecto hay experiencias que demuestran su necesidad y sus éxitos. Un estudio de la UNESCO que analizó el tema desde la educación preescolar hasta la superior en 14 países descubrió que el teléfono distraía a los estudiantes del aprendizaje. Realmente no se requería mucha ciencia para llegar a esa conclusión, pero le da gran autoridad que lo diga la UNESCO. Se agrega que la sola proximidad del teléfono con notificaciones entrantes es suficiente para que los estudiantes pierdan la atención de la tarea que están realizando y que pueden tardar hasta 20 minutos en volver a concentrarse. También se constató que eliminar los teléfonos de las escuelas en Bélgica, España y el Reino Unido mejoró los resultados del aprendizaje. En este caso, pues, no opera lo de “prohibido prohibir”.
Investigador de El Colegio de Veracruz y Magistrado en Retiro. @DEduardoAndrade ORCID 0009-0002-4714-7408

