Qué bonito suena el lema “vacunar es amar”. Es el oficial de la Secretaría de Salud para promover sus campañas nacionales de inmunización. Si esta frase resulta cierta, entonces, la pasada administración, la del expresidente Andrés Manuel López Obrador, odió al pueblo de México porque la cobertura de vacunación contra el sarampión la dejó por debajo de los niveles que se habían alcanzado en los gobiernos que tanto criticaron.
Poco se ha hablado de los más de 20 mil casos de contagio de sarampión en nuestro país y de la muerte de 45 personas por esta causa. Es grave. La última muerte, previa a este brote, se había registrado en 1995. Es una enfermedad que prácticamente se había erradicado en México, gracias al alto porcentaje de vacunación en niños con dos dosis. Ambas necesarias para contar con una protección completa.
Sin embargo, en el año 2019, el gobierno de López Obrador modificó el exitoso esquema masivo de semanas nacionales de vacunación y le apostó a un formato de aplicación supuestamente permanente. Para agosto de ese mismo año, el entonces subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, alertaba de la falta de vacunas contra esta enfermedad altamente contagiosa. Se estima que una persona enferma puede alcanzar a contagiar hasta 18 personas.
La decisión del primer gobierno morenista fue fatal. Las cifras son atroces: la primera dosis de la vacuna contra el sarampión pasó de 97% en 2018 a 80% en 2024 y la segunda cayó del 99% a solo 69%.
De acuerdo con la comunidad médica, para hacer frente a esta enfermedad, la población debe estar vacunada por lo menos en 95%. Con ello, se logra la denominada inmunidad de rebaño, de lo contrario, se pierde el foco de protección.
A la fecha nadie ha asumido la responsabilidad y la tienen: la mayoría de los decesos se registró en niños que no fueron vacunados en administraciones morenistas.
La presidenta Sheinbaum no ha hablado del mal estado en que su antecesor le dejó el sector salud. Nunca lo reconocerá. Un ejemplo que podría describir la situación en que lo heredó son las ruinas en que también recibió la famosa megafarmacia.
Se anunció con bombo y platillo para resolver el desabasto de medicamentos en todo el país a partir del año 2023 y, hoy, está abandonada, no funciona ni como bodega. De eso prefieren no hablar, prefieren cambiarle el nombre al Paso de Cortés.
El Gobierno Federal está obligado a hacerle frente a esta problemática que este mismo creó. Originó un brote nacional prolongado con muertes evitables. De acuerdo con especialistas, se administraron menos de las vacunas adquiridas en un alto porcentaje y el presupuesto destinado para vacunas registra un subejercicio elevado. Tan sólo en 2022 y 2023 fue de más del 75%.
Lo he dicho: la incapacidad mata. La falta de vacunación cobró la vida de personas. No es un hecho fortuito, es indolencia gubernamental, es negligencia criminal, aunque no lo quieran reconocer.
Comentario final
Semana cuarenta y cinco: ¿Cuándo terminará la impunidad de Adán Augusto López?

