Dos movimientos telúricos de gran intensidad, que en términos de probabilidad son poco frecuentes, son el origen del infortunio que hoy vive Venezuela, de manera especial en La Guaira, donde la tierra vibró con tal furia que derribó decenas de edificios convirtiendo los espacios en montañas de cemento, provocando el deceso de miles de personas.

Meses antes hubo otro terremoto, pero geopolítico, que sacudió el andamiaje gubernamental, con un movimiento que llegó de Venezuela a las Cortes de Nueva York con la aprehensión de Nicolás Maduro.

Tras los terremotos del fatídico miércoles 24 de junio, de magnitud 7.2 y 7.5 en la escala de Richter, en pocas horas el pueblo de Venezuela recibió una respuesta solidaria por parte de múltiples países, tratando de apoyar a una nación en desgracia por la fuerza de la naturaleza.

Las cifras de fallecidos y desaparecidos aumentan al paso de los días y de los reportes de las autoridades. Los terremotos pusieron al descubierto historias de todos los tópicos. Menciono aquí el sistema de salud que estaba en deterioro, pero ahora en un estado agravado por los movimientos telúricos que sacudieron también a la infraestructura hospitalaria, justo cuando la prioridad ha sido salvar vidas y atender a los damnificados.

Lamentablemente organizaciones humanitarias alertan por hospitales desbordados y el riesgo de brotes de enfermedades puede profundizar la crisis que se alarga por más de 10 días.

Equipos internacionales de búsqueda y rescate de varios países como Estados Unidos, Canadá, México, El Salvador, República Dominicana, Honduras, Panamá, Colombia, Brasil, Chile, Argentina, Bolivia, Perú, España, Alemania, Italia, Suiza, Rusia, China, Japón, Corea del Sur y la India, se alistaron de inmediato para auxiliar fraternalmente al pueblo venezolano, mandando equipo, víveres, artículos médicos y rescatistas con experiencia. Mención especial para el gobierno de México, con la presidenta Claudia Sheinbaum al frente, que además de lo anterior, envió plantas de energía eléctrica para ayudar a la recuperación de actividades sustantivas.

Lamentablemente el doble sismo nos deja el mensaje que, en las tragedias, suceden hechos apocalípticos para que nos hermanemos y las naciones se vuelquen con la ayuda humanitaria.

​Las imágenes muestran historias de dolor, escenas que podrían confundirse con otras similares, generadas por el envío de drones que tiran bombas sobre los edificios y casas de miles de personas ocasionando que las edificaciones colapsen, dejando a su paso una zona de desastre. Las guerras que hoy existen en varias zonas geográficas desnudan la personalidad siniestra del ser humano.

​Así, lo mismo que vemos en Venezuela, como si hubieran caído bombas derribando a los edificios como fichas de dominó, dejando montañas de bloques de cemento y escombros, lo hemos visto en Medio Oriente, Rusia y Ucrania.

La diferencia entre estos escenarios, uno producido por el hombre y el otro por la energía de la naturaleza, es que en este último las naciones se unen en solidaridad fraterna con plena empatía por la situación y, por el contrario, en la guerra, el ser humano es el que produce los efectos de destrucción, muerte, hambruna, cientos de heridos y damnificados.

Así se expresa la moneda de dos caras del ser humano, que por un lado es solidario y fraterno, y por el otro, su propio destructor.

Abogado y activista, maestro en Ciencias Penales. Autor del libro “El ciudadano republicano y la cuarta transformación”.

@UlrichRichterM

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