Así como el capitalismo industrial del siglo XX cambió al mundo, hoy llega un nuevo fenómeno, bautizado como el capitalismo de la vigilancia por la doctora Shoshana Zuboff, catedrática emérita de la Harvard Business School (HBS) y profesora asociada en el Berkman Klein Center for Internet & Society de la Harvard Law School.
Filósofa y psicóloga social, ha publicado lúcidos artículos, estudios y libros, en los que desde hace dos décadas advierte de los riesgos de la era tecnológica. Uno de sus últimos textos fue publicado hace unos días en el periódico El País, titulado: "La catástrofe moral de los tecnomagnates totalitarios: nos roban los datos, nos roban la democracia.”
En esta estupenda y fundamentada exposición, ubica un pasaje de la era Clinton, cuando en 1997 durante los inicios del internet, el expresidente de los EU subió a la web el libro blanco de la gestión Clinton-Gore, referido al comercio electrónico; orgulloso definió ese hecho como “el Salvaje Oeste de la economía global”. Al año siguiente —narra Zuboff—, Eric Schmidt, ejecutivo de software Novell y, tiempo después, primer director ejecutivo de Google, mostró en una escalofriante entrevista con la BBC, el carácter feroz que se adjudica a los genios tecnológicos; ni Nicolás Maquiavelo, ni Joseph Fouché se atrevieron a tanto.
A una de las preguntas centrales, respondió: "Estamos en contra de los gobiernos, las regulaciones y el Congreso.
—BBC: En realidad, lo que quieren es la jungla, ¿no? ¿Que sobrevivan los más poderosos y no haya red de seguridad para los que están por debajo?
—Schmidt: ¡Exacto!
—BBC: ¿Y se enorgullecen de ello?
—Schmidt: ¡Sí!”
Así nació una nueva lógica económica para asumir autoridad y poder, que se trasladó a Google en 2002. Esa empresa no había descubierto el oro tecnológico consistente en convertir a los "usuarios" y sus datos en dinero, es decir, monetizar y descubrir lo que ha sido considerado el nuevo petróleo, describe Zuboff en el artículo.
Los fundadores de Google, Sergey Brin y Larry Page, descubrieron que “cada vez que un “usuario” navegaba por internet, dejaba, sin saberlo, un rastro de señales de comportamiento que era posible captar y transformar en datos”. Ese es el origen de la nueva lógica económica.
Entonces llegó la gran idea de Page: buscar, conocer y aprovechar dichas experiencias y comportamientos de todos los usuarios, que eran enormes caudales de datos personales, para hacer predicciones de comportamiento y venderlos al por mayor, como cualquier otra mercancía —barriles de petróleo, toneladas de trigo—, empezando por la famosa “tasa de clics”. Es importante mencionar, enfatiza la autora, que cada paso de la operación se diseñó para pasar inadvertido para el “usuario”.
En esta era digital, la persona pasó de consumir un producto a SER el producto. Toda tu actividad en cualquier navegador, redes sociales, plataformas de streaming e inteligencia artificial es usada por las empresas y, en algunos casos, para inducirte en un patrón de consumo que retroalimenta este modelo de negocio.
“Desde el punto de vista de Google, el objetivo dejó de ser el usuario como ser humano real. A los “usuarios” los redefinieron como reservas pasivas de datos generados por humanos para la extracción, la obtención de ingresos y el lucro, […] para el proyecto comercial del capitalismo de vigilancia”, que define la filósofa estadounidense.
Vivimos desde entonces una lógica totalitaria que se ha “atrincherado en los espacios vírgenes de un mercado inédito de predicción humana que ellos mismos han creado”.
Visto así, agrega Zuboff, “el totalitarismo con ánimo de lucro es un nuevo régimen de poder […] y presenta una visión del futuro en la que todos los ámbitos de la sociedad se remodelan como ciencia de la información que solo los líderes tecnológicos pueden gobernar. Y en ese futuro imaginado, no tienen cabida los ciudadanos. […]
Este totalitarismo con ánimo de lucro que utiliza los datos indica un futuro que se aparta del ser humano y, en esencia, se postula como enemigo de la democracia. Ese no es el futuro que buscamos. No es el destino inevitable de nuestro pueblo ni de nuestra época”, puntualiza.
El planteamiento es acertado. Así nació la nueva mercancía del nuevo capitalismo: los datos que nos pertenecían, pero hoy son controlados y comercializados por los gigantes tecnológicos. Más aún, los monetizan, dejando de lado nuestra privacidad y, por supuesto, dañando nuestra democracia.
Abogado y activista, maestro en Ciencias Penales. Autor del libro “El ciudadano digital. Fake news
y posverdad en la era de internet”. @UlrichRichterM

