La semana pasada el folclore se hizo presente en la política local de la capital del país. Cada vez que los chilangos se sientan superiores o más civilizados que el resto de México, haríamos bien en recordarles acontecimientos como los de hace unos días. La senadora capitalina de Morena Cynthia López Castro se apersonó (y se grabó) afuera del automóvil de Alessandra Rojo de la Vega, la célebre alcaldesa de Cuauhtémoc, para gritarle y reprocharle que llegaba tarde a trabajar. No es broma. La alcaldesa tuvo el buen tino de no bajarse del coche ni enfrascarse en un pleito con la senadora. Evidentemente se trata de un incidente con miras a las elecciones de 2027, en las que Morena, molesta por no gobernar la alcaldía más importante de la Ciudad de México, hará todo por impedir la reelección de Rojo de la Vega y recuperar el poder en la demarcación.

En otro video subido a las redes sociales, digno de una nota humorística de Jorge Ibargüengoitia, la senadora López Castro le llevó una ofrenda floral al busto del tlatoani Cuauhtémoc. Acto seguido, le exige a la alcaldesa Rojo de la Vega que haga más grande el busto de Cuauhtémoc, pues a decir de la senadora, se cometió una falta de respeto contra la memoria del tlatoani al recibir a Isabel Díaz Ayuso en las oficinas de la alcaldía. La cosa no para ahí. La senadora le grita desaforadamente a un busto “¡perdónala!”, “¡perdónala!”, en referencia a la alcaldesa. Iba yo a escribir “nadie se ríe”, pero la verdad es que no pude dejar de carcajearme ante los niveles tan bajos en los que cae de cuando en cuando la política mexicana. La falta de miedo al ridículo de la senadora alcanza proporciones míticas. Precisamente por esa temeridad, el golpe le salió más o menos bien. Así como Agustín Lara no tenía miedo a la cursilería y por eso funcionan sus canciones, la incapacidad de López Castro de temerle al ridículo por las actividades tan grotescas en las que se ha involucrado buena parte de su carrera, le ha permitido crecer.

La mayor parte de los comentaristas e intelectuales se rasgaron las vestiduras e increparon en redes a López Castro por su proselitismo absurdo. No obstante, una senadora relativamente desconocida para el gran público, alcanzó su objetivo: lograr reconocimiento y convertirse en la nota de las redes ese día. Los intelectuales y analistas comentaron escandalizados la frivolidad, humorismo involuntario y ausencia total de gravitas en la actitud de López Castro. Mientras, ella se posicionó en medios de comunicación, redes sociales e hizo reír con sus actividades francamente porriles a los votantes menos politizados de la Cuauhtémoc. Quiero insistir, la alcaldesa Rojo de la Vega actuó bien, ignorando en la medida de sus posibilidades la agresión de la senadora. No así sus simpatizantes, pues los defensores de la alcaldesa subieron varios videos a las redes, magnificando y difundiendo involuntariamente la presencia de la senadora López Castro.

La política mexicana siempre ha tenido mucho de chisme de mercado, de violencia cantinera y de circo provinciano. En nuestros días, esa tendencia aumentó considerablemente como resultado del auge del populismo y la espectacularidad e inmediatismo de las redes sociales. Si usted espera un debate de altura sobre el futuro de la Ciudad de México para el 2027, mejor quédese sentado. Apenas empieza la competencia de gestos propios de la farándula en la lucha por quedarse con las alcaldías. Pero no se engañe, la falta de solemnidad no significa que la contienda política haya perdido gravedad, sino que quienes no se ajusten a los nuevos modelos de proselitismo, fracasarán. La época de los grandes estadistas con gesto adusto ha quedado sepultada. Ojalá que la oposición lo entienda.

@avila_raudel

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