Es difícil discernir si estamos en el “capitalismo del espectáculo” o el de “la guerra”; creemos que en el de las dos. Desde luego, la guerra es todo un espectáculo que llena los noticieros y los medios de comunicación, dando lugar a los comentarios asépticos de los observadores que no fijan su postura ante el genocidio, la muerte de infantes o la destrucción de países enteros, siempre justificados por alguna razón banal, pero normalmente falsa.
El espectáculo está en nuestra vida cotidiana; todo el tiempo asistimos a él: conciertos clásicos o populares, películas y series, programas de televisión y artistas “consagrados” con ingresos multimillonarios, partidos de todo tipo de deportes y sus “estrellas”, desastres naturales o socio organizativos, campañas políticas y políticos renombrados por su brillantez o su estupidez, etc. Y cuando no nos alcanza el dinero para pagar los costosos boletos cobrados por la mercantil FIFA o los empresarios, para citar solo un caso, nuestros gobiernos, aún “los progresistas”, nos lo ofrecen gratuitamente en los conciertos populares o las pantallas para ver el campeonato mundial de futbol. Un emperador romano hablaba de “pan y circo”; ahora solo ofrecemos el circo como alternativa pues el pan no llega a las masas.
La guerra ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad; siempre ha sido un buen negocio para el poder y los que fabrican las armas con las que se lleva a cabo y siempre ha habido “razones” -o pretextos- para declararla. Un libro de historia cualquiera nos lo demuestra. En el capitalismo industrial (1780 en adelante), una pequeña parte de la historia, la guerra ha sido un magnífico negocio: detrás de los ejércitos de todos los países hay enormes fábricas de armas, municiones, cohetes, barcos y aviones de guerra, tanques y muchos otros artefactos usados en ella; y hay que hacer la guerra para consumir estos objetos y justificar su producción y continua “modernización”.
Todos los países hegemónicos han intervenido en los otros, tratando de decidir sobre su futuro, con éxito o sin él, incluyendo a los mal llamados “comunistas”; pero ha habido uno que ha tenido el mayor “récord” en este ámbito: los Estados Unidos de América, que ha construido el mayor ejército en el mundo, tiene bases en todas partes, justifica su presencia allí con “su seguridad”, considera al “hemisferio occidental” como su patio trasero, y ha llevado la guerra a todos los confines del mundo conocido. Detrás de esta frenética actividad está la mayor industria armamentista del planeta, que obtiene ganancias con cada estallido, que se beneficia con el gasto bélico, se enriquece con el presupuesto de su país y justifica con su belicismo a todas las demás naciones del mundo. En estos años, participa activamente en la guerra en Oriente Medio, Europa y América Latina; y su líder, con un lenguaje guerrero trata de adueñarse de otras partes del mundo que no le pertenecen como Venezuela, Canadá, Cuba y Groenlandia. Si hubiéramos usado el dinero que ha costado la guerra en desarrollar a las naciones atrasadas, sus capacidades productivas y de servicios, o distribuido su gasto entre los indigentes, no habría pobreza ni desigualdad en el mundo; pero esta no es la realidad en la que vivimos, ni los que hacen la guerra estarán dispuestos a abandonarla. ¿Quién le asignó esta tarea?
Integrante de Por México Hoy

