El mensaje que envió la presidenta de México el pasado 31 de mayo desde el Monumento a la Revolución fue claro, firme, contundente y muy valiente. Fue así porque tiene la suficiente solvencia moral y el respaldo mayoritario del pueblo, 70% de confianza y apoyo no es poca cosa. Efectivamente, no está sola y así se lo hacen saber. ¿Será que se está desmoronando el modelo patriarcal?
Más allá de filias y fobias partidistas, tenemos que reconocer el fenómeno político que representa la doctora, Claudia Sheinbaum Pardo, no solo por ser la primera mujer titular del Poder Ejecutivo y jefa de las Fuerzas Armadas, sino porque goza de muchos atributos que permite a la inmensa mayoría de mujeres identificarse con ella o ser su mejor referente y un modelo para seguir.
Ahora bien, independientemente de la identificación de género, ella ha sabido hacer sinergia con diferentes sectores de la población gracias a que se alejó de extremismos y posiciones excluyentes e irreductibles. Atrás de esa mirada serena y de la sonrisa amable, hay un carácter indomable, una fuerza consistente que le ha valido un gran reconocimiento en nuestro país y en el mundo. Bajo los bordados indígenas hay un espíritu libertario y patriota que ha puesto al frente la identidad y unidad nacional.
Ella no teme a las palabras, “ni los corruptos de antes que quieren regresar al poder, ni quienes pretenden utilizar al movimiento de Transformación para proteger intereses personales, ni ningún agente extranjero que quiera imponer condiciones a nuestra nación, van a doblegar la dignidad del pueblo de México”, fue letal.
Su posicionamiento trasciende el espectro declarativo para convertirse en acto de inclusión. La defensa de México es tarea de todos y no de una sola persona, “vayamos a las plazas públicas a realizar asambleas informativas, repartir volantes y periódicos, e informar al pueblo de que: ¡La patria no se vende! ¡La patria se ama y se defiende! … ¡en México decidimos las y los mexicanos!”.
La numeralia es tan clara como su discurso, 42 millones 860 mil 296 mexicanas y mexicanos se benefician de los programas del bienestar; el salario mínimo mensual de 2018 a 2026 creció154% en términos reales. Un binomio perfecto que ha permitido ir superando paulatinamente la pobreza y reducir la brecha de la desigualdad.
El gasto corriente se redujo 10%; en un año se incrementó la recaudación 4.8%; en el primer trimestre de 2026 se alcanzó cifra récord en Inversión Extranjera Directa; el desempleo se ubica en 2.5%; la inflación y las tasas de interés disminuyeron; el peso mexicano es la segunda moneda que más se ha apreciado frente al dólar; incrementaron las exportaciones, la balanza comercial es positiva; y el turismo aumentó 10.2%.
En tan solo dos años se pusieron en operación 29 nuevos hospitales y se llevó electricidad a 13 mil 893 comunidades, y destaca la infraestructura carretera, así como el impulso al transporte ferroviario y aéreo.
Todavía hay mucho trecho por avanzar, es verdad, pero, también lo es que México ha cambiado y ha sido para bien.
El pueblo, los paradigmas, las formas, las expectativas, los acuerdos, los compromisos y el vínculo entre ciudadanía y gobierno se ha transformado, al igual que la proyección de México hacia el exterior. Nuestro país está de moda, sí. No es casualidad.
Tenemos grandes retos, es momento de repensar nuestra sociedad, la manera en que ejercemos nuestra ciudadanía y nos involucramos en los asuntos públicos. Hay que diseñar formas novedosas para estar í siempre presentes y conscientes de nuestra realidad y sus contextos.
Activista Social
@larapaola1
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