La extraordinaria capacidad informativa de la Inteligencia Artificial ha llevado a muchos a cuestionarse si aún tiene sentido leer. Tal vez la respuesta se encuentre en aquel memorable ensayo que Umberto Eco publicó en 1991, Por qué los libros prolongan la vida. En él, el autor recuperaba el mito de Theuth y el faraón egipcio, que señala que la invención de la escritura fue recibida con temor porque, según el rey, debilitaría la memoria humana. Lejos de esa advertencia, Eco defendió lo contrario, que los libros nos permiten vivir muchas más vidas que la nuestra propia. Han ampliado nuestra existencia al atesorar experiencias, sabiduría y emociones de generaciones enteras. Este es el argumento que hoy debe cobrar urgencia renovada ante la irrupción de la IA, la cual nos permite obtener en segundos resúmenes de libros completos o síntesis de miles de fuentes. ¿Para qué leer En busca del tiempo perdido si ChatGPT puede destilar su esencia en tres párrafos? ¿Por qué invertir semanas en Cien años de soledad cuando una IA nos entrega un análisis académico impecable? La tentación es real. Y es peligrosa.
Eco ya advertía que los libros impresos habían desplazado a los manuscritos de pergamino, pero no habían destruido la memoria humana, sino que la habían potenciado. Lo mismo sucede hoy. La IA no es enemiga de la lectura, pero puede convertirse en su sustituto más seductor si no la empleamos con plena conciencia. Porque leer no consiste solo en obtener información. Es un acto profundamente humano que exige tiempo, atención sostenida y esfuerzo cognitivo. Es, en palabras de Eco, una forma de prolongar la vida. Cuando leemos un libro en papel o en formato digital sin distracciones, activamos procesos mentales que ninguna IA replica plenamente, como la empatía profunda al habitar la conciencia de otro, la capacidad de conectar ideas distantes, la tolerancia a la ambigüedad y, sobre todo, la formación de un pensamiento propio y auténtico. La IA nos entrega respuestas; la lectura nos obliga a formular preguntas. La IA sintetiza; la lectura nos confronta con la complejidad. La IA optimiza el tiempo; la lectura nos enseña a habitarlo con sentido.
Eco concluía que “el libro es un seguro de vida, una pequeña anticipación de inmortalidad”. Ahora esa inmortalidad corre el riesgo de volverse artificial. Podemos acceder de forma instantánea a toda la cultura humana y, paradójicamente, empobrecernos espiritualmente. Urge rescatar la lectura. Diversos estudios neurocientíficos confirman que ello reconfigura nuestras conexiones neuronales, fortalece la atención sostenida y afina la comprensión crítica, precisamente las capacidades que la IA amenaza con erosionar si nos habituamos a consumir solo extractos generados por algoritmos (reels, hilos, notificaciones). Pero rescatar la lectura no implica rechazar la IA, sino usarla como aliada. Implica pedirle recomendaciones de libros, ayuda para encontrar ediciones difíciles o acceso a obras en otros idiomas, pero nunca delegándole el acto mismo de leer. Porque el verdadero valor no reside en el conocimiento adquirido, sino en el proceso, en las horas entregadas, las anotaciones al margen, las reflexiones que surgen en la íntima soledad de la página.
Como sociedad, necesitamos políticas y hábitos que devuelvan la lectura al centro de nuestra vida, programas escolares que prioricen la lectura placentera por encima de la meramente instrumental. En este esfuerzo, las instituciones de educación superior tenemos una responsabilidad particular e impostergable. Debemos cultivar mentes lectoras, críticas y profundas, integrar la lectura extensa en los currículos, crear espacios físicos y virtuales que inviten al verdadero encuentro con los libros y diseñar programas de mentoría lectora. Como individuos, cada uno debe recuperar el ritual, apagar en esos momentos las notificaciones, dedicar un tiempo sagrado, elegir un libro y comprometerse con él hasta el final. Umberto Eco nos recordaba que los libros nos permiten conversar con los muertos. La IA podría resumir esa conversación, pero solo la lectura nos permite vivirla plenamente. Entendámoslo, en la era de la IA rescatar la lectura es, nada más y nada menos, una forma necesaria de prolongar nuestra propia vida.
Presidente de la Asociación Mexicana de Educación Continua y a Distancia AC

