La Copa Mundial de 2026 es ya inédita. Será el torneo más visto de la historia. Se esperan más de 6 mil millones de espectadores, es decir, 75% de los habitantes de la Tierra. También será la mayor fiesta deportiva en la que la mercadotecnia someterá, hasta la náusea, el ánimo futbolero de los hinchas en todo el orbe. En vivo y en directo desde México, Canadá y Estados Unidos.

Todo quedó más claro con ese esperpento pomposamente llamado “premio FIFA de la paz”, otorgado por primera vez a una persona que ha llevado a cabo “acciones excepcionales y extraordinarias en favor de la paz y, al hacerlo, ha unido a personas de todo el mundo”. El destinatario era evidente, el traje a la medida, el chiste se cuenta solo.

Coincidentemente, Estados Unidos concentra 11 de las 16 sedes y la mayoría de los juegos (84 de 104, incluida la final) de la Copa Mundial. A México –el más futbolero de los tres países– apenas le dejaron 13 partidos. La misión de los organizadores queda clara: realizar el torneo más redituable para los (sólo ocho de los 37 miembros de su consejo son mujeres; el presidente y siete de los ocho vicepresidentes son hombres) y sus socios comerciales.

Todo para la FIFA y sus amigos de conveniencia. Todos a exprimir a la afición. Derechos de transmisión y de imagen (televisoras, radio, plataformas digitales, fan fests y las transmisiones desde internet u otra red –el streaming), patrocinios, publicidad, desembolsos por explotación de licencias y pagos a los clubes que ceden futbolistas a las selecciones nacionales. Mientras que a los restaurantes y bares no se les permite prender la televisión para que sus comensales vean un partido mundialista si no .

La FIFA calcula que la Copa del Mundo generará casi en ingresos por derechos de retransmisión, patrocinios corporativos, venta de entradas y servicios de hospitalidad. Gastará 3,800 millones de dólares durante los partidos, incluidos 1,100 millones en operaciones y mil millones en premios. Las ganancias son formidables.

Por eso la FIFA ni siquiera reparó en cambiar las reglas del juego para hacerlo más rentable. Un vulgar ejemplo son las dos pausas de hidratación de tres minutos –llamadas por algunos las “jaulas doradas” para los patrocinadores– dizque para que los jugadores se refresquen saboreando Powerade, la bebida deportiva oficial de la FIFA. Y al hacerlo ante las ávidas cámaras de la televisión, inviten descaradamente a los miles de millones de espectadores en todo el mundo a calmar la sed como sólo la calman los grandes.

Una Copa Mundial que por primera vez tiene tres países anfitriones y que contará con : aumentó de 32 a 48, divididos en 12 grupos de tres equipos cada uno, y 104 partidos, comparados con los tradicionales 64. Es el mundial de la usura, en el que la mercadotecnia desenfrenada atiborra la vida de millones durante 39 días mundialistas.

Pero el costo de los boletos impuestos por la FIFA para entrar a los juegos es caso aparte. Los precios son exorbitantes y el sistema de venta de entradas escandaloso. Ventas y reventas en las que un boleto llega a venderse en decenas de miles de pesos. La FIFA convertida en una plataforma de reventa para expoliar a los millones de fanáticos que atraerá el mundial a los estadios.

Mientras, en México el Congreso de la Unión aprobó una exención de impuestos sin precedentes para la FIFA. Si, la misma FIFA que elevó estratosféricamente el precio de los boletos no pagará impuestos como el ISR y el IVA; ni siquiera servicios de agua, electricidad y transporte. Tampoco pagarán impuestos todos los participantes en la organización de la Copa del Mundo, incluyendo a las televisoras. Es decir, que los costos del mundial –infraestructura, adecuaciones y servicios como el transporte público– estarán a cargo del erario (léase nuestros impuestos) federal y de Jalisco y Nuevo León (léase deuda pública).

El gobierno federal supo hace ocho años que México sería una de las sedes del Mundial de Fútbol. No obstante, la preparación, en particular la adaptación del aeropuerto internacional de la Ciudad de México inició a las carreras al cuarto para las doce, y es ahora un aeropuerto sostenido con alfileres. Literalmente. Ni qué decir de las calles de nuestra ciudad que, con tantos baches y alcantarillas abiertas como cráteres, harán sentir a los jugadores y a millones de turistas que llegaron a la Luna. Agréguele usted las manifestaciones con que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación se ha tomado las calles para desquiciar gran parte de la ciudad. “Cría cuervos y te sacarán los ojos”, dice el refrán

Posdata. Desde muy temprana edad he sido hincha del fútbol. Hoy deseo con ilusión que en esta Copa Mundial las selecciones de mis dos patrias Colombia, donde nací y México, donde he vivido la mayor parte de mi vida por lo menos lleguen a cuartos de final. México lo logró en 1970 y 1986, Colombia en 2014. Soñar no cuesta nada.

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