Texto: Jael B. Mata y Raúl J. Fontecilla
En la Ciudad de México o el Estado de México caminar y cruzarse algún letrero de triángulo azul con las letras “AA” no es una experiencia rara. Sólo en la capital, se estiman unos 700 espacios de Alcohólicos Anónimos, que muchos identifican pero pocos conocen.
Este grupo de ayuda contra el consumo de alcohol ya rebasa los 80 años de actividades en México y Mochilazo en el Tiempo comparte un breve repaso de las décadas de esfuerzo comunitario por una vida sin adicción a la bebida.
¿Cómo comenzó Alcohólicos Anónimos?
La dinámica de dar y recibir ayuda como respuesta al problema del alcoholismo inició en 1935 por iniciativa de William Griffith Wilson (un corredor de bolsa) y Robert Holbrook Smith (un cirujano).
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En Doble A, por el principio del anonimato, se les recuerda como “Bill W.” y el “Dr. Bob” al contar la historia de cómo pasaron de tener graves problemas con el alcohol a fundar Alcohólicos Anónimos.
Ambos lograron la sobriedad cuando un amigo estuvo ahí para ellos. Para Bill fue su amigo “Ebby T.”; para Bob fue Bill. Interactuar con alguien que había vivido y superado el alcoholismo fue clave.
Bill le contó a Bob una idea que aprendió del doctor William D. Silk- worth: que el alcoholismo es una enfermedad del cuerpo, de las emociones y de la mente.

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Para Bob, que era médico, la idea fue contundente. Tras convencerse, Bob no sólo dejó atrás su alcoholismo, sino que él, Bill y su esposa Lois de inmediato se pusieron manos a la obra con los alcohólicos internados en un hospital de Ohio. Ese fue el inicio de Doble A.
A fines de 1935, Alcohólicos Anónimos funcionaba en dos grupos, uno en Ohio y otro en Nueva York. Hacia 1939 ya había un tercer grupo, también en Ohio, y entre los tres sumaban 100 alcohólicos sobrios.
También en el 39 publicaron su libro de texto Alcohólicos Anónimos, el que hoy se conoce como El libro grande o El libro azul, que contiene el método de los 12 pasos que usan hasta la fecha para vivir en sobriedad.
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Doble A creció en los años 40: pasó de 2 mil integrantes en 1940 a 100 mil alcohólicos recuperados en 1950 alrededor del mundo. Fue en esa misma década que México tuvo sus primeros contactos con Alcohólicos Anónimos.
Los primeros grupos de Alcohólicos Anónimos en México tenían integrantes estadounidenses que se encontraban de paso en el país, entre 1946 y 1960. De hecho, el primer caso que se mantuvo activo se llamó “Mexico City Group”.
Después ingresaron mexicanos que tradujeron los libros de Doble A y comenzaron sus propios grupos ya en español. El de la colonia Agrícola Oriental fue uno de los primeros en la capital, que sigue en funciones hasta hoy.

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El método propone hacer un inventario moral de la vida personal en unas hojas que, ya en los años 40 se les daba a los asistentes, pero a veces esas hojas las encontraban las familias de los alcohólicos y su recuperación se volvía aún más complicada.
La alternativa para algunos fue hacer ese inventario lejos de sus vidas diarias. Desde la Ciudad de México se iban a otros lugares, desde la periferia en el Estado de México, hasta haciendas en Hidalgo, Toluca o Cuernavaca.
Se tomaban tres días ahí para hacer el inventario moral y antes de volver a casa lo quemaban. De ese modo se separó el Grupo del Cuarto y Quinto Paso de los grupos tradicionales de Doble A.
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En décadas recientes, AA en México ha formado nuevas expresiones al apegarse a tendencias religiosas (ya sea católicas o evangélicas) o a su origen laico.
raul.fontecilla@clabsa.com.mx
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