Cansada de tantos fracasos y frustraciones políticas de los últimos años, sin entender cómo había perdido el poder, la mayoría y el reconocimiento social, e incapaz de salir a las calles para recuperar su liderazgo y un nuevo discurso que la reviviera políticamente, la derechiza en México recurrió al doctor psiquiatra para salir del abismo en que había caído, desde que decidió aliarse con sus enemigos del PRI en 1988 -cosa que le costó casi 40 años en reconocer su error-. De esa forma, le fue diagnosticado un “mal incurable”, que en unos años acabaría con su existencia, por lo que le fue sugerido buscar nuevos amigos o aliados y disfrutar lo que le quedaba de vida.

Ante la sugerencia del doctor psiquiatra, la derechiza mexicana decidió que, si no sobreviviría al “mal incurable”, entonces buscaría nuevos socios o aliados, no para disfrutar el resto de vida, sino, para, por lo menos, vengar su muerte. Así, encontró a su aliado natural al norte del país, cuya especialidad era desestabilizar gobiernos con su nueva política de aranceles, bombardear ciudades y matar miles de personas e intervenir países con gobiernos de izquierda, como Venezuela, Cuba o Brasil para hacerse de sus recursos.

También buscó en la ultraderecha europea a algunos miembros estridentes, a los que invitaba a visitar México y hablar mal del gobierno. Sin embargo, en ambos casos, el gobierno de México pondría a los enemigos en su lugar, gracias a su liderazgo y la defensa de la soberanía, que apoyaba la gran mayoría de la sociedad.

Más que desesperada, la derechiza mexicana buscó de nuevo al psiquiatra a fin de que le recomendara una estrategia de choque, que le permitiera confrontar sus miedos y sus enemigos, si no para vencerlos, por lo menos, para ensuciar o manchar su imagen e irse limpia al purgatorio. El especialista recomendó entonces poner en práctica el juego de los espejos, consistente en colocar al paciente frente al cristal para descubrir todo lo malo que veía en él, moviéndolo a los lados, hacia arriba, hacia abajo y, luego, expresar con palabras sus reflexiones.

De esa forma, la derechiza alcanzó las primeras conclusiones sobre la autoobservación en el espejo: “veo corrupción, un narco – gobierno y un narco – estado y otra derrota electoral” -dijo sorprendida-. Entonces, el doctor psiquiatra recomendó lanzar esos mismos epítetos a sus enemigos, a fin de lavar sus pecados, limpiar sus culpas y sembrar dudas, a fin de parecer iguales. Al verse de nuevo al espejo, la derechiza se sintió aliviada de su carga.

Luego, la derechiza llevó a consulta a la gobernadora de Chihuahua, la panista Maru Campos, quien, después del escándalo y affair con el embajador de EU, Ronald Johnson, al que, clandestinamente, le permitió realizar un operativo en ese estado, violatorio de la soberanía, el doctor psiquiatra le aconsejó, primero, no hablar más, pues en su torpeza se había autodelatado, por lo que, luego, le ordenó verse al espejo y hacer el mismo ejercicio: sacar todo lo malo de ella y lanzarlo a algún adversario o adversaría.

Ella, emocionada, dijo: “veo traición, intervención militar, derrota electoral y a mí, con ropa de presidiaria”. Igual, el psiquiatra le indicó arrojar todo eso sobre sus enemigos y, entonces, apareció en otro espejo la imagen de Marina del Pilar, gobernadora morenista de Baja California, quien, a partir de entonces, fue espiada ilegalmente y acusada del mismo delito que la Maru Campos: traición a la patria. El juego de los espejos daba resultados.

Entonces, la derechiza comenzó a promover campañas en los medios ad-hoc para inundar las redes de acusaciones al gobierno de Morena, aprovechando algunos deslices de sus enemigos, todos, enfrente de cientos de espejos, a fin de que el tratamiento diera máximos resultados. Sin embargo, después de dos o tres imágenes de personajes de Morena en los espejos, comenzaron a reproducirse caras y rostros de cientos de priistas, encabezadas por Alito Moreno, y panistas, entre ellas, el primer gobernador de la alternancia, Ernesto Rufo, quien, días después, sería detenido por las autoridades del gobierno morenista, por defraudación fiscal, por lo que el juego de los espejos comenzó a tornarse peligroso y contraproducente.

Ante las contundentes evidencias, la derechiza prefirió terminar la terapia, incluyendo el juego de los espejos, donde los cientos de imágenes se habían reproducido por miles, todas de rostros familiares, incluyendo, por cierto, al propio psiquiatra, quien al momento presentó una millonaria cuenta por sus servicios. Al preguntársele por tan elevados honorarios y su presencia en uno de los espejos, el especialista explicó: “es que el mal incurable resultó ser contagioso, por lo que debo protegerme; pues yo también soy de derecha”.

Y es que, más allá de un juego, la política mexicana ha encontrado la manera de neutralizar a sus contrarios, unos, lanzando lodo y todo aquello que cargan encima, como una forma de liberarse; otros, tratando de limpiar sus propias culpas y enfrentando las amenazas de dentro y fuera del país; otros más, queriendo sacar provecho de sus alianzas; y, los últimos, recién integrados al sistema de partidos, buscando su propio espacio y lodo para participar del juego democrático.

Pareciera que la realidad ha superado al juego de los espejos, donde los participantes han quedado atrapados en sus propias imágenes, sin poder moverse, pues sus culpas los tienen paralizados, mientras la sociedad mira los espejos como si fueran un adorno más de sus vidas.

Así, en el juego de los espejos, el riesgo es quedar neutralizados en las imágenes de un México dividido y polarizado, donde la única salida pareciera ser la destrucción del contrario.

Politólogo (UAM) y exdiplomático

Comentarios