Todas las acciones emprendidas por la administración del presidente Donald Trump demuestran que sus amenazas y los tintes confrontativos hacia el gobierno de Claudia Sheinbaum han trascendido de lo mediático para convertirse en medidas concretas.
La imposición y amagos de aranceles vinculados al combate al fentanilo y la migración, la presión para una revisión más estricta del T-MEC, la designación de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas y el incremento de la cooperación e inteligencia contra el crimen trasnacional evidencian una estrategia transversal de mayor presión sobre el Estado mexicano.
En este contexto y con rutas paralelas se va cerrando una pinza estratégica contra la administración de Sheinbaum y Morena. Por un lado, el departamento del Tesoro estadounidense emite un comunicado —en el marco de las sanciones anunciadas contra dos mexicanos y nueve empresas relacionadas con el CJNG— que no deja en este párrafo nada a la imaginación. “..En México los cárteles utilizan sus ganancias ilícitas de las ventas del combustible en el mercado negro para hacer pagos en efectivo a campañas políticas mexicanas y medios de comunicación con el fin de ayudar a elegir políticos mexicanos corruptos dispuestos a ayudar a los cárteles a controlar puestos administrativos clave en el gobierno”.
Y por el otro, la reciente decisión de Trump anunciando la no extensión del tratado comercial y marcando la pauta de revisiones anuales, para sorpresa de nadie.
En este espacio se ha venido reiterando esa posibilidad que finalmente se concretó.
El tema comercial íntimamente ligado a asuntos de seguridad nacional y hemisférica como herramienta de permanente presión de hard power económico sobre México. Al condicionar la certidumbre comercial, inversiones, reglas de origen, acceso preferencial al mercado estadounidense y estabilidad de cadenas productivas, Washington ha venido usando el T-MEC como palanca política para exigir mayor cooperación en el combate a las organizaciones terroristas, sus redes de corrupción y vínculos con los narcopolíticos.
Estas dos vías trazadas han aumentado paulatinamente los costos para Sheinbaum al no alinearse con prioridades estratégicas.
Por ello es razonable considerar que el párrafo del departamento del Tesoro donde ya se vincula la relación del huachicol fiscal y sus recursos ilícitos para el financiamiento de las campañas políticas, con especial dedicatoria a Morena, no es casualidad; es altamente probable que Washington intensifique las filtraciones, investigaciones y acciones contra los vínculos entre actores políticos mexicanos y organizaciones criminales. Especialmente si estima que dichos nexos representan un obstáculo para sus objetivos geopolíticos en la región en el marco del “Escudo de las Américas”.
Y en este preciso contexto el T-MEC trasciende su dimensión comercial para convertirse en un instrumento de gobernanza regional, de seguridad y de proyección del poder estadounidense.
Por consiguiente, errar en dimensionar la sintonía en la dinámica regional electoral y los objetivos (geo)estratégicos de Trump, implicaría subestimar las formas en que las preferencias políticas de los países de este hemisferio influyen en la implementación de una agenda multinacional que rebasa el ámbito interno de los Estados Unidos.
No hace falta ser una lumbrera para entender que, tratándose de Trump, la retórica suele ser el primer capítulo de la política.
@GomezZalce

