Nos equivocamos, creo, si la cuestión a resolver es desaparecer a la Unidad del Sistema para la carrera de las Maestras y Maestros (USICAMM), sin atender a lo que subyace como problemática. En el sexenio de Peña se creó el Servicio Profesional Docente (SPD). Al ser reformado de nuevo el artículo 3º. Constitucional, la 4T eliminó el SPD y su lugar lo ocupó la USICAMM. No sería buena noticia que a la Unidad actual se le sustituyera por otra dependencia semejante, aunque con algunas variaciones.
Es verdad que “sólo se destruye lo que se sustituye”, pero también que si lo que sustituye a lo que se pretende eliminar es más de lo mismo, nada cambia. ¿Qué es lo que está en juego?
A mi entender, es la forma de regulación adecuada del desarrollo de la profesión docente en el sistema educativo mexicano. Eso es lo que está enmadejado. Propongo pensarlo “fuera de la caja”.
En primer lugar, está la etapa formativa, en la que se preparan las y los futuros docentes. Sin atender a una cuidadosa revisión del sistema formador de profesionales de la actividad docente, el oficio parte de bases endebles.
En segundo término, está la fase de incorporación al ejercicio de la creación de ambientes de aprendizaje: el sitio donde se dará la iniciación en las tareas propias de la actividad docente, pero no como asignación a un puesto aislado, sino a la integración con un equipo de docentes que tengan, entre sus funciones, acompañar a las nuevas personas en el ejercicio de sus funciones. Una vez terminado este periodo —que habrá que establecer en cuanto a su duración y características— ya sea en el primer lugar de la asignación, o en otro, se deja la condición de docente en proceso formativo profesional, para pasar al de su pleno ejercicio autónomo en sus capacidades, pero siempre en conjunto con otros colegas. A la primera parte se le podría considerar como asistente y, a la segunda, asociado.
La siguiente ocurriría en el pasaje entre asociado y titular, no de acuerdo con una cierta cantidad de años de trabajo, sino del proceso de trabajo, valorado por pares, en que se evalúa el aprendizaje y los aportes a sus colegas y alumnos derivados de su responsable desempeño, innovación, capacidad de trabajo en equipo y estudio constante.
Eso es una noción de carrera: el pasaje de la socialización formativa en las escuelas normales o similares, al de la socialización inicial en el ejercicio de las labores como asistente a los trabajos de la comunidad de docentes a la que se incorpore. Una vez concluida, se integra a los proyectos docentes y de desarrollo escolar —puede haber plazos prestablecidos, niveles y condiciones de asenso— como asociado, de tal manera que, al final de esta trayectoria, siempre acompañada de estudio constante y condiciones pagadas para llevarlo a cabo, se obtenga la titularidad que implica la consolidación en el ejercicio de la profesión. Luego, si se establecen tiempos, procesos y mecanismos adecuados, llegará la etapa de la jubilación, que ha de ser digna y derivada de la solidaridad.
Una idea así no debe ser parte del Artículo 3º, que expresa los fines de la educación, sino de un reglamento de ingreso y carrera docente, elaborado por las autoridades, representantes electos por las y los profesores, y acompañado por el sindicato con el fin exclusivo de vigilar que exista coherencia entre este reglamento y las Condiciones Generales de Trabajo revisadas.
Es decir, diseñar un camino claro para el desarrollo del oficio docente en el país como forma de vida digna.
Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México mgil@colmex.mx / @ManuelGilAnton Canal en YouTube: El profe Gil

