La Copa del Mundo confirmó la enorme capacidad de la FIFA para organizar el espectáculo deportivo más importante del planeta. Fue un torneo más grande, con mayor exposición mediática, y una nueva estrategia integrando tres grandes países y una maquinaria comercial que volvió a demostrar el extraordinario poder económico y mediatico de la organización.
Sin embargo, una vez apagados los reflectores, la realidad cambia. Ahora la FIFA deberá enfrentar auditorías, revisiones, reclamos comerciales, posibles litigios, cuestionamientos políticos y un intenso escrutinio público sobre muchas de las decisiones tomadas durante el torneo.
No es una situación nueva. Una organización que administra miles de millones de dólares, negocia derechos de televisión, patrocinios y competencias internacionales, inevitablemente genera intereses encontrados. El problema aparece cuando la percepción de transparencia comienza a deteriorarse.
Gianni Infantino llegó a la presidencia con la promesa de reconstruir la credibilidad de una institución golpeada por el escándalo del FIFA Gate y por la abrupta salida de Joseph Blatter. Su discurso fue el de una nueva FIFA: más transparente, más moderna y más cercana a las federaciones nacionales.
Durante estos años ha fortalecido financieramente a muchas federaciones mediante mayores recursos y programas de desarrollo. Esa política también le ha permitido consolidar un importante respaldo político dentro del organismo.
Sin embargo, el apoyo económico no elimina las críticas.
Diversos sectores del futbol han cuestionado decisiones relacionadas con la organización de competencias, el crecimiento acelerado del calendario internacional, el incremento del número de selecciones participantes y algunos criterios arbitrales que durante el Mundial provocaron apasionadas discusiones, con o sin razón, entre especialistas, jugadores y aficionados.
En el futbol moderno, la percepción es casi tan importante como la realidad. Cuando millones de aficionados sienten que determinadas decisiones favorecen a unos sobre otros, la confianza comienza a desgastarse, aún cuando existan pruebas concluyentes de irregularidades respaldadas por imágenes que al final estas decisiones son de apreciación. Y precisamente la credibilidad constituye el patrimonio más valioso de cualquier organismo deportivo.
En lo económico, difícilmente alguien podrá discutir el éxito del Mundial y su desbordada pasión, los ingresos comerciales continúan creciendo, la audiencia mundial mantiene cifras extraordinarias y la FIFA sigue siendo una de las organizaciones deportivas más poderosas del planeta.
El verdadero desafío para Gianni Infantino y la FIFA será resolver exitosamente las diversas controversias que se avecinan así como preservar la confianza del futbol mundial.






