Los especialistas y organismos internacionales han ajustado sus pronósticos económicos para este año. Cuando el conflicto bélico de Estados Unidos e Israel contra Irán escaló y fue cerrado “oficialmente” a principios de marzo el estrecho de Ormuz, por el que transita una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas, la disrupción en mercados y sectores alcanzó otro nivel.

En este ámbito las previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ha determinado dos escenarios de “disrupción”: uno de “tiempo limitado” y otro “prolongado”, en relación a los efectos de la guerra. El primero ubica el crecimiento mundial en 2.8% y el segundo de 2.1% este año, en relación a 3.4% logrado en 2025. De acuerdo a esta proyección para 2027, en el escenario temporal se vislumbra una ligera recuperación de la economía global a 3.1%, mientras que en el segundo se acusa - aún -una mayor desaceleración, hasta 1.8%. Entendiéndose que a medida que dure más el conflicto bélico los efectos económicos y sociales serán mayores.

Asimismo, las estimaciones sobre la inflación son tales, que están más arriba tanto para naciones avanzadas como emergentes. El shock ha conducido a mayores precios de los “commodities”, particularmente de los energéticos y alimentos y de los efectos que estos trasminan al resto de la economía.

Los bancos centrales se mantienen expectantes, tomando una participación “activa” para contener la inflación causada por estos transmisores, pero también si la economía termina desacelerándose mucho. El primer Banco Central que tomará la estafeta de elevar réditos por primera vez desde 2023, será el europeo, en un cuarto de punto porcentual a 2.25%.

Por su parte en México las proyecciones económicas de la OECD, otros organismos internacionales y privados están en línea, con menor crecimiento y mayor inflación este año. Ya que, a las tensiones migratorias y arancelarias impuestas por Estados Unidos, se suma ahora el Conflicto del Medio Oriente que cambió la perspectiva global. En el caso estadounidense, su inflación anual en mayo fue de 4.2%, la más alta desde abril de 2023; empero los precios al productor se disparan hasta 6.5% en el mismo lapso, la tasa más alta desde noviembre de 2022.

En el caso de México los primeros meses del año, evidenciaron un arranque lento, evidenciándose el estancamiento en que se encuentra, en medio de la incertidumbre por la revisión del T-MEC que se extenderá más allá de este año, el debilitado estado de derecho y la degradación de la calificación de la deuda, lo que pone en riesgo nuestro grado de inversión. El pronóstico de crecimiento de la OCDE para México este año es de 0.8%.

Los expertos opinan que la crisis energética podría convertirse también en una alimentaria a nivel global. Esta situación es preocupante si la demanda comienza a experimentar contracciones por una disminución del uso de energía. Los mercados financieros aún no han manifestado la reacción que provocaría una estanflación, sobre todo en Estados Unidos y Europa; luego la volatilidad es un factor inherente en este escenario de riesgo.

*Catedrática de la Anáhuac Graduate School of Business de la Facultad de Economía y Negocios en la Universidad Anáhuac México

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