La reputación de nuestras instituciones está bajo la lupa del mundo y no podemos seguir volteando hacia otro lado. Hace unos días, en el marco de la cumbre del G7, frente a los líderes de las economías más poderosas del planeta, el mandatario de nuestro principal socio comercial lanzó un duro cuestionamiento sobre México, no fue un comentario cualquiera ni un episodio aislado de nuestra relación bilateral; fue una declaración seria que pone en duda, ante la comunidad internacional, la capacidad del Estado mexicano para garantizar la seguridad, la gobernabilidad y el control de su propio territorio.

Ante este escenario, es necesaria una posición clara frente a la percepción internacional de que la delincuencia organizada dirige a México. Nuestro país necesita una respuesta de Estado. No basta con responder con una postura partidista o simplemente minimizar el tema. Este señalamiento exige altura institucional, unidad nacional y una posición clara de los tres Poderes de la Unión.

Cuando la reputación?del país se pone en duda, se afecta a nuestras instituciones, a la economía y a nuestra relación con el mundo, especialmente con nuestro mayor socio comercial. Este golpe mina la confianza de los inversionistas, el turismo, el comercio y, sobre todo, el esfuerzo de las y los mexicanos que trabajan diariamente dentro y fuera del país. Debemos reconocer que la mejor defensa de México es enfrentar con seriedad nuestros problemas, no podemos permitir que el crimen organizado siga dañando la vida de las familias mexicanas ni deteriorando nuestra imagen en el exterior.

Además, no podemos perder de vista que la estabilidad y la confianza internacional son fundamentales para preservar el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Millones de empleos dependen directa o indirectamente de esa integración comercial que ha permitido atraer inversiones y mejorar las condiciones laborales de miles de familias. Cuidar la relación con nuestros socios comerciales implica, desde luego, defender nuestra soberanía, pero también lo es garantizar condiciones de seguridad, legalidad y certidumbre.

Ante un desafío de esta magnitud, México necesita unidad construida desde la responsabilidad institucional. Es momento de cerrar filas para exigir que la ley prevalezca, sin excepciones ni encubrimientos, en todos los órdenes de gobierno y en los tres Poderes de la Unión. Solo un mensaje claro de legalidad y Estado de derecho devolverá la paz a los hogares mexicanos, garantizando al mismo tiempo que México sea un país de instituciones sólidas y dignas de confianza.

El pilón: Me congratulo de que la injustificada pausa autoimpuesta, en la relación entre México y España finalmente vaya a terminar. El encuentro entre las autoridades de los dos países es una buena noticia, ya que ambos pueblos comparten una relación histórica, cultural, económica, parlamentaria y humana que no puede quedar atrapada en visiones personales o coyunturas políticas.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios