Sean de derechas o izquierdas, los populistas se parecen entre sí mucho más de lo que están dispuestos a reconocer y, aunque sea involuntariamente, con frecuencia se ayudan. Es el caso de Isabel Díaz Ayuso y Claudia Sheinbaum.

La notable popularidad de la carismática presidenta de la Comunidad de Madrid es resultado menos de su rala gestión gubernamental que de culpar de todo a lo que hace o deja de hacer Pedro Sánchez, ya sea bueno o malo, a veces incluso con insultos. Como la 4T con Calderón. Sin la sombra del socialista, Ayuso sería una presidenta comunitaria más y tendría que gobernar. Con afán protagonista, la madrileña desarrolla una intensa actividad internacional con agendas que, en realidad, suelen limitarse a eventos protocolarios en los que otorga o recibe premios, a menudo como resultado de generosos patrocinios de su gobierno. Su último viaje a EU, por ejemplo, tuvo como único objetivo entregar un premio a Trump, quien la ignoró por completo.

La reciente visita de la madrileña a nuestro país siguió el mismo patrón, pero incluyó también una serie de provocaciones para las que se pinta sola, idóneas para erosionar los esfuerzos de ambos países para resolver los diferendos provocados por López Obrador. A diferencia de Trump, algunos políticos de oposición en México sucumbieron ante su manipuladora seducción y la arroparon para atraer reflectores. No obstante, el periplo por nuestro país habría quedado enterrado en la sección de sociales de los medios de no haber sido por un regalazo de la presidenta Sheinbaum a Ayuso. La mandataria mexicana no pudo resistir la oportunidad de generar un distractor durante la peor crisis que vive su gobierno con el principio del fin de la impunidad en la narcopolítica y se subió con demagogia nacionalista a la polémica generada por la absurda idea de rendir un homenaje a Hernán Cortés en la Catedral metropolitana. Todo un obsequio que, quizás en reciprocidad, entregó la madrileña a Sheinbaum en el momento más oportuno.

Durante días ambas populistas nos dieron un espectáculo hasta que, ante el fracaso de la visita, Ayuso intentó victimizarse al anunciar la suspensión del viaje debido a un supuesto “boicot” de la presidenta de México orquestado, según la madrileña, por Sánchez. Poco después se supo que, por ambiciosa y desbocada, había sido desinvitada a una gala por los propios organizadores, quienes asumieron la responsabilidad tras ser acusados de recibir presiones del gobierno mexicano (no del todo descartable). Peor aún, en lugar de volar de vuelta a Madrid de inmediato, decidió pasar varios días de vacaciones en la Riviera Maya justo durante la emergencia sanitaria del hantavirus que recaló en un hospital de su comunidad. Una vez descubierta missing in action no se le ocurrió una mejor idea que acusar al gobierno de Sánchez de “dejarla sola” en un “país muy peligroso”, en el que “cualquier cosa podría haberles pasado” a ella y su equipo. La controversia la ha perseguido a su regreso a España, con serios cuestionamientos sobre el financiamiento del viaje. ¿Su respuesta?: nuevas teorías de conspiración. Todo un ridículo del que, tras usarse una a otra, Sheinbaum ha salido mejor librada aunque sea tan solo para regresar a la trágica realidad que vive su gobierno.

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