El próximo primero de septiembre se cumplirá un año de la llegada de la nueva integración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. A lo largo de este tiempo, diversos medios de comunicación, organizaciones y académicos han dedicado considerables horas a analizar los múltiples factores y variables que forman parte de esta nueva realidad.

Sin embargo, un tema en particular ha ocupado una mayor cantidad de espacio dentro del debate público: las sesiones del Pleno. A lo largo de este año hemos sido testigos de una infinidad de videos, memes y notas periodísticas que hacen alusión a las participaciones, pifias y errores que las y los ministros han cometido durante las sesiones públicas que se transmiten de lunes a jueves. Que si una ministra se confundió con el asunto sobre el que está opinando; que si dos ministros se pusieron a hablar durante la exposición de un proyecto; que si una ministra lee sus participaciones directamente desde su teléfono; o que si alguna de las y los integrantes del Pleno demuestra desconocimiento sobre algún tema jurídico.

Esta actividad de comentar la actuación de las y los ministros puede ser divertida y, en algunos casos, incluso puede servir para evidenciar la poca preparación que dedican al estudio de los asuntos. Sin embargo, me parece que no estamos aprovechando adecuadamente el interés que estas situaciones generan para exigir una verdadera rendición de cuentas a quienes integran el máximo tribunal del país.

Hoy, más que nunca, la ciudadanía tiene la oportunidad —y, en cierta medida, la responsabilidad— de conocer y revisar el trabajo que realiza la llamada “nueva Corte”. Pero para hacerlo no basta con observar sus sesiones. Es necesario conocer sus sentencias, entender qué derechos están en juego, identificar las consecuencias que tienen sus decisiones y cuestionar los argumentos con los que las y los ministros llegan a determinadas conclusiones.

Aquí la abogacía mexicana tiene una responsabilidad enorme, pues quienes estudiamos y ejercemos el derecho tenemos herramientas que buena parte de la ciudadanía no tiene para comprender lo que ocurre dentro de los tribunales. Sabemos leer una sentencia, identificar un precedente, entender los alcances de una interpretación constitucional y reconocer cuándo una decisión puede tener consecuencias importantes para la vida cotidiana de las personas. Esas herramientas no deberían quedarse dentro de los despachos, las universidades o los tribunales; la abogacía tiene un deber social de explicar el derecho.

Por eso me parece fundamental que las abogadas y los abogados analicemos las sentencias, las analicemos y ayudemos a la ciudadanía a entenderlas. Necesitamos que más personas se involucren en la conversación sobre el sistema de justicia que tenemos y, para ello, necesitamos diagnósticos, columnas, videos, podcasts, infografías y cualquier otro material que permita construir un criterio informado; incluso los memes pueden cumplir una función en esta tarea.

Un meme, por su puesto, no puede sustituir el análisis jurídico, pero puede despertar la curiosidad de alguien que jamás habría abierto una sentencia. Puede ser la puerta de entrada a una conversación más amplia sobre lo que hacen los jueces, sobre los derechos que están en juego y sobre las consecuencias que tienen sus decisiones. Si un meme logra que alguien se pregunte por qué una ministra dijo algo, qué estaba discutiendo la Corte o cómo una sentencia puede afectar su vida, ya habrá cumplido una función mucho más importante que la de hacernos reír durante unos segundos.

A un año de la reforma judicial, me parece que es momento de que la abogacía mexicana abra los ojos y asuma su responsabilidad. La ciudadanía necesita saber que el derecho no es algo que ocurre únicamente en los tribunales ni que las decisiones de los jueces son asuntos exclusivos de abogados. El derecho está presente en nuestras vidas todos los días; determina qué podemos exigir, qué puede hacer el Estado, qué derechos tenemos y qué ocurre cuando esos derechos son vulnerados. Explicar el derecho también es una forma de defenderlo y, quizá, en esta nueva etapa de la justicia mexicana, hasta un meme pueda ayudarnos a comenzar esa conversación.

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