A finales del siglo XVI, un escultor llamado Pompeo Leoni recibió en herencia algo que quizá no supo del todo leer: miles de páginas manuscritas por Leonardo da Vinci, llenas de bocetos de máquinas voladoras, estudios anatómicos, cálculos hidráulicos, notas sobre botánica, diagramas de instrumentos musicales y observaciones sobre la naturaleza del vuelo. Leoni, hombre de orden y de colección, decidió separar los folios en dos grandes álbumes: uno para los experimentos técnicos, otro para los dibujos figurativos. Era una clasificación limpia, comprensible desde la lógica de un siglo que ya empezaba a separar la ciencia del arte. Solo que esa separación iba en contra, precisamente, de todo lo que Leonardo había sido.

El Codex Atlanticus, reunido así por Leoni y conservado desde el siglo XVII en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, se convirtió en el mayor conjunto de manuscritos de Leonardo que se conoce: 1.119 folios que abarcan cuatro décadas de trabajo, desde los años setenta del siglo XV hasta la muerte del pintor en Amboise en 1519. Los dibujos figurativos que Leoni separó terminaron en el castillo de Windsor, en la colección de la casa real británica. Cuatro siglos después, ninguna de las dos instituciones cedió sus piezas; ninguna colección viajó al territorio de la otra. La reunificación física era, en la práctica, imposible.

Recientemente, el Museo Galileo de Florencia presentó en Londres una plataforma digital llamada Leonardotheka 2.0, resultado de diez años de trabajo conjunto entre el Museo Galileo, la Biblioteca Ambrosiana, el Royal Collection Trust y la Biblioteca Leonardiana de Vinci. Por primera vez desde el siglo XVI, las aproximadamente 3.500 páginas de manuscritos que Leoni había dividido quedaron reunidas en un solo recurso consultable, de acceso libre, con imágenes en alta resolución, transcripciones, notas críticas e índices temáticos. La plataforma incluye además cincuenta reconstrucciones digitales confirmadas, folios de Windsor devueltos a su lugar original en el Codex Atlanticus, con filigrana cotejada y método de preparación verificado. Lo que el escultor cortó, el algoritmo lo restituyó.

La noticia tiene una dimensión técnica evidente, pero la pregunta más interesante que plantea es otra. Pompeo Leoni no era un destructor; era un conservador de su época, con criterios propios sobre cómo organizar el conocimiento. Separó el arte de la ciencia porque esa separación le parecía natural, quizá inevitable. Y sin embargo, esa intervención alteró durante cuatrocientos años la posibilidad de entender cómo Leonardo pensaba, porque Leonardo pensaba precisamente en la conexión: el estudio del ala del pájaro junto al esquema de la máquina voladora, el dibujo del caballo junto a las notas sobre el monumento ecuestre para Francesco Sforza. Reunificarlos no es solo un logro archivístico; es recuperar una epistemología.

El director ejecutivo del Museo Galileo señaló al presentar la plataforma que el proyecto establece un precedente sobre cómo las instituciones culturales deben mantener la propiedad intelectual de sus iniciativas digitales, sin delegar esa responsabilidad a plataformas comerciales. En un momento en que los grandes repositorios de saber histórico migran hacia entornos privados, con condiciones de uso cambiantes y modelos de negocio que pueden alterar o restringir el acceso, la decisión de construir una infraestructura pública, de código propio y acceso libre, tiene más peso del que parece.

Hay algo perturbador y a la vez esperanzador en la imagen de tres instituciones que guardan celosamente sus piezas originales, sin moverlas ni cederlas, pero que construyen juntas el espacio donde esas piezas pueden por fin leerse como un todo. No fue necesario que los folios viajaran; fue suficiente que los datos lo hicieran. La separación física permanece; la separación intelectual, no. Cuatro siglos de distancia entre Milán y Windsor se cerraron sin que ningún cuadro se moviera de su vitrina, y eso no es un truco técnico, sino una forma nueva de entender qué significa que algo esté junto.

herles@escueladeescritoresdemexico.com

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