Tenemos una presidenta del siglo XIX. Ayer, en el discurso oficial del aniversario del inicio de la independencia lo ratificó. Estamos, según ella, igual que antes de Porfirio Díaz. El país tiene un dilema —sostuvo, palabras más palabras menos—, entre conservadores contra liberales, entreguistas contra nacionalistas, patriotas contra vendepatrias, negro y oscuro, malos y buenos. Donde por supuesto ella encabeza lo mejor de la nación. Maniqueísmo barato.

El México que ordeñan es el México dividido, un México herido, irreconciliable; donde ellos representan a los oprimidos, a los que les dan un apoyo del bienestar, y un México de mérito, que trabaja, se esfuerza, independientemente de lo que recibe del gobierno.

El apoyo a los gobiernos de Morena se sostiene en cuatro pilares, uno de ellos queda evidenciado en estas fechas septembrinas: el manejo de una historia oficial sin matices, donde Iturbide que firmó la independencia es condenado al infierno, e Hidalgo que asesinó a cientos de españoles y huía a Estados Unidos a pedir apoyo, no se le toca; pero también en la enorme cantidad de recursos que se aprueban para los programas sociales del bienestar que son sin duda un soborno que anestesia la virtud cívica de los electorales, y deuda pública pagadera con inflación o impuestos ocurrencias como cigarros, cervezas, azúcar o sodio.

Los otros dos pilares son una presidenta que tiene todo el poder, incluido el del árbitro electoral. La presidenta dijo ayer que México no se arrodilla, pero tenía allí al presidente de la Corte, a los presidentes del Congreso, que se arrodillan, culimpinan, y arrastran. México no tiene la división de poderes por la que luchó el michoacano Morelos; por cierto, si va a decir completo el nombre Josefa Ortiz Telléz Girón; digan cabal el de José María Teclo Morelos y Pavón Pérez.

Y el cuarto pilar del morenismo es la impunidad frente al crimen, vimos desfilar a la Marina, pero no vemos atrapado al marino de más alta jerarquía con AMLO, y destacado en Acapulco cuando desaparecieron a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, y además Beatriz Mojica competirá por Guerrero, sí, la colaboradora del preso Ángel Aguirre. ¿Nada qué ver con Ayotzinapa? Vemos meses de avisarle al amigo de Andy López Beltrán, Amílcar Olan, y ya se escapó. En Suiza se esconde dinero y delincuentes financieros. El candidato y exfiscal Torres Piña en Michoacán y no está aclarado el crimen de Carlos Manzo, ni encontró a Silvano Aureoles. ¿Cuántos vuelos privados pagados con dinero público tiene Eugenio Segura? Impunidad es el signo, ¿de qué otra manera entendemos la nominación de Julieta Ramírez? Y el llamado presidencial contra el nepotismo estalló por los aires, como cohete de septiembre, con Verónica Díaz en Zacatecas, mamá de unos Monreal.

La presidenta puede seguir en el siglo XIX, hablando en Palacio Nacional con las sombras de Maximiliano y Carlota, pero eso es alucinación. La realidad, poco a poco se asoma: unos días antes del aniversario de la independencia de España, matan a una estudiante española en Morelos, ¿llegaron todas? ¿es culpa de los Habsburgo? Los feminicidios a todo lo que da.

Diputado federal

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