Que se olviden… Aquí no volverá a haber elecciones”, espetó el dictador, asesino, agresor sexual y, ahora, democraticida, Daniel Ortega, co-presidente de Nicaragua, junto con su esposa, la co-presidenta Rosario Murillo. Dupla inhumana que usurpó del diccionario de la tierra de Rubén Darío, el verbo “votar”.
“No volverán a haber elecciones —abundó el diputado Gustavo Porras Cortés—, para que los enemigos del pueblo vuelvan al poder, porque la historia del pueblo nicaragüense ha sido la lucha contra los imperios, contra el colonialismo…”, quien además es presidente de la Asamblea Nacional de ese país. La democracia es “nuestra”, somos nosotros quienes decimos “cuándo y cómo serán nuestras elecciones”, concluyó al anunciar el trámite legislativo para asesinar el sufragio. Ese canto autoritario es similar al mexicano. Misma partitura, aunque el tonito sea tabasqueño: conservadores, entreguistas, pueblo bueno, lado correcto de la historia, enemigos al basurero de la historia. Sólo falta el funeral democrático.
El diputado Porras (sancionado por Estados Unidos, con bloqueo de cuentas bancarias, y sin visa, como muchos de Morena), en unas maromas de interpretación del evangelio del tirano Ortega, dijo los enemigos del pueblo, “incluso han utilizado la palabra democracia, para realmente destruir la democracia del pueblo”. ¿Les suena mexicano? AMLO igual. Prometió “salir a la calle” de su rancho-refugio de Palenque, “si atentaran contra la democracia…”; y él también habló de “una” democracia; distinguió que “para el pobre tienen un significado distinto la democracia, es sobrevivencia…para el que tiene recursos puede ser un (mero) deber cívico. AMLO decide cuando está en peligro la democracia, como Ortega.
El Frente Sandinista de Liberación Nacional, con Ortega a la cabeza, llegó al poder por las armas; y en un acto de lealtad democrática, salió del poder por las urnas, cuando ganó la primera mujer presidenta del continente americano, Violenta Chamorro, en 1990, y derrotó al propio Daniel Ortega. Ahora 47 años después del triunfo de la Revolución sandinista, el abusador sexual de su hijastra Zoilamérica Narváez Murillo, finiquita las elecciones nicaragüenses. Termina con la escalera que ayudó a construir. ¿Qué es el INE cooptado? ¿Qué es la pantomima de tribunal electoral? ¿Qué son los “apoyos” sociales sin evaluación que anestesian la potencia del mérito? ¿Qué es la Suprema Corte envilecida por sus disputas internas y conflictos de interés? ¿Qué es la prisión de Ernesto Ruffo? Daniel Ortega también encarceló opositores y expulsó aliados: Dora María Téllez y Sergio Ramírez, entre muchos otros.
México acabará expulsando a los propios morenistas, como Ortega a los sandinistas. La ruptura se huele. El monstruo del autoritarismo se morderá la cola. Por lo pronto miles de nicaragüenses esperan un gesto de México, que sí hizo el viejo priismo con José López Portillo, cuando el dictador Anastasio Somoza persiguió al demócrata Daniel Ortega: rompió relaciones diplomáticas.
La última vez que a México vinieron Ernesto Cardenal y José Múgica, izquierda honesta, los abrazó Morena. Ellos se distanciaron del opresor Daniel Ortega. ¿México ahora también abraza a Ortega y lo pone en su regazo como a Rubén Rocha Moya?
Diputado federal

