Durante años, el futbol mexicano se movió alrededor del famoso “quinto partido”. Se convirtió en una obsesión, en una carga, y —con el paso del tiempo— en una losa que terminó aplastando a varias generaciones de jugadores. Hoy, por primera vez en cuatro décadas, México vuelve a tener la oportunidad de escribir una historia distinta.
La Selección Nacional ganó un partido a eliminación directa, en un Mundial, después de 40 años. La última vez había sido en México ‘86. Desde entonces, llegaron las eliminaciones consecutivas en octavos, las “generaciones doradas”, los discursos de aprendizaje, los “jugamos como nunca” y los “merecimos más”. Esta vez, al menos, ese muro finalmente se rompió. Sin embargo, el premio es tan atractivo como intimidante: Inglaterra.
Los británicos llegan con una plantilla que, hombre por hombre, probablemente sólo sea superada por un puñado de selecciones. Harry Kane continúa siendo uno de los delanteros más letales del planeta. Jude Bellingham representa el presente y futuro del mediocampo mundial. Declan Rice domina ambas áreas con autoridad, mientras Marcus Rashford, Noni Madueke, Eberechi Eze y Nico O’Reilly ofrecen variantes ofensivas de élite. Sin embargo: ¿Quién está realmente obligado a ganar?
Se asume que la presión recae sobre México, por jugar en casa y cargar con la “maldición” de no alcanzar los cuartos de final desde hace cuatro décadas, pero esa lectura ignora el contexto del rival. Inglaterra tampoco vive libre de fantasmas. Su única Copa del Mundo llegó hace 60 años. Desde entonces, ha acumulado generaciones extraordinarias, planteles multimillonarios y constantes etiquetas de favorita, pero el trofeo nunca regresó a Londres.
Si México pierde, muchos dirán que cayó ante un gigante. Si Inglaterra pierde, el fracaso será monumental. Quedará eliminada por el anfitrión, en un estadio cargado de simbolismo y frente a un equipo que, en teoría, tenía menos argumentos individuales. México tiene la oportunidad de hacer historia. Inglaterra, la obligación de evitar otra página dolorosa en su interminable colección de frustraciones mundialistas.
@elmagazo

