Cuando estás perdido, sobre todo en el interior, lo mejor es salir a buscarte a la calle, al exterior, al campo, al parque. No en balde, muchas veces, la salida al acabóse, tanto en las películas como en la vida real, es azotar la puerta de tu casa y largarte a caminar con destino a ninguna parte.
Simplemente, caminar y caminar —si es a paso veloz, mejor—, hasta sentirte más tranquilo.
Eso me da salir a correr: La calma, la mejoría, el reencuentro conmigo, la reconexión.
Cuando estoy inmerso en el caos o paralizado por las amarras de mis propia imbecilidad, sé que esa es mi única salvación: Ponerme en movimiento, atarme mejor las zapatillas de correr y escabullirme del estancamiento, del TikTok y de mi autoinfligida perdición.
Saltar, sacudirse, marchar... El ejercicio en general y los traslados reflexivos siempre ayudan, aunque a mí lo que más me funciona es correr, que —por si fuera poco— también me brinda soluciones.
Soluciones a dudas, a cuestiones de trabajo e incluso a esos conflictos que, de tan rancios, se volvieron inmunes a las explicaciones, el diálogo y la razón; pleitos casados en los que lo único que te queda, estés de acuerdo o no tanto, es ofrecer perdón.
“Ya pídele una disculpa y olvídate”, me digo a la media de trote y paso a otro tema.
Correr es, como lo había dicho en otra ocasión, un puente que no sólo nos devuelve a nosotros mismos, sino que nos acerca a lo que necesitamos: A los creativos, a las ideas; a los músicos, a las melodías; a los escritores, a las frases que podemos pasar días buscando en el escritorio; a los emprendedores, a los contactos adecuados cuyas caras y nombres surgen como susurros, entre respiración y respiración.
Ya lo decía Nietzsche —palabras más, palabras menos—, que las grandes ideas se conciben caminando, y me gustó mucho también cómo lo explicó Isra Bravo, fascinante copywriter y mercadólogo español, que —en entrevista con Oso Trava para el podcast “Cracks“— contó que, como parte de su rutina laboral, camina tres horas al día, en busca de ideas y soluciones.
Algo pasa conforme avanzas, como si trajeras una llave, como si abrieras una puerta, como si el ritmo desbloqueara otra frecuencia y te volvieras un receptáculo de información proveniente quién sabe de dónde.
Haga la prueba y fluya.
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