Tuve la fortuna de formar parte del maravilloso equipo de Univisión Deportes. Fui testigo de cómo ese grupo de enormes y diversos talentos fue construyendo una de las más grandes historias en la industria de la televisión deportiva, no solamente en los Estados Unidos, sino a nivel mundial.
Nada de eso habría sido posible sin el liderazgo de un hombre sencillo, carismático, estricto, amable, pero sobre todo, visionario: Juan Carlos Rodríguez. Sí, La Bomba.
Con el paso del tiempo, Juan Carlos no sólo se convirtió en mi jefe; también fue mentor, maestro y hoy un amigo al que admiro. Los tiempos y la distancia no nos permiten mantener una comunicación constante, pero cada vez que tengo la fortuna de intercambiar mensajes o alguna llamada, siempre termino llevándome una gran lección de aprendizaje y camaradería.
Recientemente, reapareció en una extraordinaria entrevista junto a Andrés Cantor. En dicha charla, Rodríguez Bas reveló cómo, debido a los intereses de algunos directivos de la Liga MX, el futbol mexicano dejó escapar una oportunidad histórica para transformarse por completo.
Según explicó Juan Carlos, quien fungía como el alto comisionado de la FMF, inversionistas del más alto nivel, estaban listos para apostar por el balompié nacional una cifra cercana a los 13 billones de dólares. Sin embargo, las agendas personales, la falta de visión e intereses particulares alejaron una inversión que pudo haber cambiado para siempre el rumbo del futbol azteca.
¿Y por qué me refiero a esta charla?
Porque aunque mayormente escribo de boxeo, proyectos como los de Juan Carlos Rodríguez, con los que comulgo, podrían cambiar al boxeo mundial para bien.
El mercado mexicano, tanto en México como en Estados Unidos, es inmenso en consumo, pasión y oportunidades de negocio. Y lo que, desafortunadamente, ocurrió en Liga MX, sucede seguido en el boxeo.
Llegan inversionistas con la ilusión de aportar al deporte de los puños, pero la ignorancia, la soberbia y los intereses particulares terminan alejando y desmotivando a cualquiera que quiera sumar. En el boxeo, como en muchos otros negocios, se prioriza el beneficio inmediato y no la construcción de futuro. La mayoría piensa en ganar lo más posible mientras se pueda… y después, que todo se derrumbe.
Con casi dos décadas viviendo en Estados Unidos, he visto de cerca muchas injusticias y discriminación, pero más allá de mis vivencias personales, hablo también como consumidor, manager y comunicador dentro de la industria del boxeo.
Los latinos mantenemos vivo al boxeo. Lo hacemos con nuestra pasión, nuestro consumo y nuestros dólares. Sin embargo, a cambio de esos mismos billetes verdes —que valen exactamente igual que los de cualquier otro sector de la población— muchas veces no recibimos nada.
A los que pagan, no los atienden.
México es una potencia mundial en el boxeo. Sin sus peleadores y sin su fanaticada, el boxeo estaría prácticamente desahuciado. Es por eso por lo que hoy cito a un genio de los negocios deportivos como Juan Carlos Rodríguez y les pregunto:
¿Seguirán anteponiendo sus intereses personales en el boxeo?
Porque no deben olvidar algo muy importante: tanto los aficionados como los inversionistas pueden cansarse de la soberbia, la opacidad y la falta de transparencia de quienes mueven los hilos del deporte.
En México ya dejaron escapar una inversión brutal que pudo haber cambiado al futbol para bien y para siempre. Y tristemente, en el boxeo siguen ignorando a su público y alejando inversionistas… por jugar a ver quién escupe más lejos.
@ErnestoAmador

