Así es como el ecosistema digital del bienestar ha llamado a la primera mandataria de México en los últimos días. Sin duda, esta campaña es un nuevo intento de levantar la imagen y reputación de Sheinbaum ante los embates, internos y externos, a los que se ha visto sometida el último mes y ante la amplia probabilidad de que el mundial exhiba cosas más allá de ajolotes color morado en las paredes o drones y perros robots en la vigilancia.

Pese a esto, quien haya tenido la brillante idea de usar de forma indiscriminada ese slogan de campaña debería ser relevado de sus responsabilidades, puesto que siempre se debe de ponderar los riesgos de usar cualquier lema o slogan para un jefe de gobierno, ya que el backlash puede ser terrible, algo que parecen haber olvidado en este caso.

Reza el dicho que la estulticia es audaz y, definitivamente, quien ideó esta ocurrencia ignora hechos y definiciones. Empecemos por aclarar qué es “poder” en términos políticos.

Para esto hay que referirnos a Norberto Bobbio, quien lo definió como la capacidad de un sujeto para influir, condicionar o determinar el comportamiento de los individuos, distinguiéndose de otras formas de poder social por detentar el monopolio del uso legítimo de la fuerza física para garantizar el orden de una comunidad.

Desde ya, esto mete a la mandataria camisa de once varas, ya que la actual portadora de la banda presidencial no es una persona que tenga una gran capacidad para afectar el comportamiento de las personas de forma clara e indiscutible, si revisamos diversos hechos.

Para empezar, durante el tiempo que ha sido la titular del poder ejecutivo federal, Claudia Sheimbaun ha intentado infructuosamente poner orden en la casa guinda, mejorar la relación con Trump y establecer su propio personaje fuera de la sombra que llega desde Palenque, términos de popularidad y arrastre. Su no-poder llegó al punto de haber sido sorprendida fuera de base por acciones trascendentes que las fuerzas de seguridad de su gobierno realizan y de las que confiesa no tener idea, como con el operativo que culminó con la muerte del Mayo Zambada.

Para no especular, hagamos una revisión rápida de cómo la presidenta, quizá, no llega a ser ni siquiera la mujer más poderosa de su movimiento.

Recordemos cuando envió, sintiendo equivocadamente que puesto es igual a poder e influencia en su grey, la famosa e inútil carta a Morena en la que hablaba de austeridad, reglas claras en las precampañas para el 2027 y no adelantarse a los tiempos electorales, así como del fin del nepotismo y no vincularse con la delincuencia organizada, ni de cuello blanco.

Menudo caso le han hecho personajes como Andrea Chávez, la familia Monreal, El “toro” Guerrerense o la Guadiana, por mencionar un ramillete pequeño del jardín de rebeldes aspirantes que no sienten respeto por su presidenta, ni por la ley.

Otro ejemplo es la genuflexión permanente ante Trump desde el día 1 de su mandato. 10 mil miembros de las fuerzas armadas en la frontera, el tributo en forma de expulsión ilegal e inexplicable de casi una centena de capos mexicanos presos y una pléyade de impuestos acorde con los deseos de allende el Bravo, muestran que su fuerza esta en hacer lo que le piden desde Washington, al costo que sea.

Los mexicanos tuvimos que esperar a que llegaran las acusaciones desde la fiscalía federal del distrito sur de Nueva York contra Rocha Moya et al para que el ejecutivo federal mostrara algo de arrojo y valor para oponerse a los deseos de DC. El problema radica en que se encuentra defendiendo a un grupo de políticos cuyos lazos y acuerdos con el narco, además de una profunda corrupción, han sido ampliamente documentados. ¿Muestra de poder, de miedo o de colusión?

Un tercer ejemplo del poderío presidencial, su ausencia, lo encontramos las innumerables ocasiones en que personajes morenistas, de Andy y Noroña para abajo, un día y otro también han mostrado que la austeridad republicana y la pobreza franciscana nunca existió, pero al menos aparentaban un poco durante el sexenio de 2018.

Por supuesto, la presidenta ha declarado innumerables veces que los valores de su movimiento son de austeridad y de respeto al erario público, incluso encaró a su partido, pero el efecto ha sido nulo. Las joyas, los viajes, los lujos, las propiedades misteriosamente “donadas” y las evidentes fortunas inexistentes hace unos años son la marca de la casa.

Pese a esto, por ceguera o mal asesoramiento, cada tanto sale Sheinbaum a decir que son más que franciscanos que nunca o que se implementará una mayor austeridad, algo que solo se refleja en el presupuesto de cultura y educación.

¿Podemos decir que es poderosa una persona que, desde la más alta esfera del poder político es incapaz de poner orden en la mesa de sus correligionarios, cuando se supone que esa mesa le pertenece?

Finalmente, ¿cuál sería la razón para que una figura que se sabe “poderosa y respetada” rehúye el contacto con “su pueblo” durante la inauguración del mundial, siendo la única mandataria que no se presentará a este evento en las tres ocasiones en que la copa del mundo habrá sido celebrada en México?

Dice el clásico que el que nada debe nada teme, ¿no?.

Todo gobierno busca influir, en algunos casos manipular, la percepción de su realidad y convencer a la población y los actores políticos de su fuerza, pericia y honestidad. Para lograr esto, desde AMLO, el gobierno de México ha invertido ingentes cantidades en contratos y apoyos hacia los “premios nacionales de periodismo”, “youtubers independientes” y medios “libres y alternativos” con el fin de eliminar discrepancias y críticas, ahogando la con versación en el canto coordinado de las consignas, pero el modelo está mostrando claramente sus límites frente a una realidad de profundas crisis, nacional e internacional.

En lugar de tratar de colocar una percepción a todas luces falaz, la presidenta debería trabajar por dar certeza política y jurídica, de construir una verdadera seguridad sin manipular cifras y de entablar un diálogo con todas las fuerzas políticas, sin soberbia ni mesianismos.

Así, quizá, podría volverse poderosa más allá de un hashtag.

#IntepretePolítico

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