Por Mauricio Volpi
Presidenta Claudia Sheinbaum: en su declaración de hace unos días sobre los recursos públicos destinados a medios de comunicación, usted mencionó que a empresas como Reforma y El Universal no se les entregaba dinero. Esa decisión puede ser legal y políticamente atractiva para sus votantes, pero también abre una discusión ética: ese dinero no sale de una chequera personal, sino de los recursos de todos los mexicanos. Por eso, más allá de si el gobierno debe financiar o no a medios críticos, le propongo una alternativa más clara: no dar dinero público a ningún medio y destinar esos recursos al pago de libros.
Desde el inicio de las mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador, como ciudadano común, consideré que ese espacio podía ser un ejercicio útil de rendición de cuentas: que el titular del Ejecutivo informara y respondiera en vivo sobre los hechos relevantes del país. Sin embargo, con el tiempo, el formato se utilizó también para desviar la atención, atacar a críticos y reforzar la imagen presidencial. Convirtiéndose en la versión mexicana del Aló Presidente de Hugo Chávez.
En ese contexto, las mañaneras también dieron lugar a comunicadores sin credenciales profesionales claras ni audiencia verificable que recibieron recursos públicos. Entre ellos estuvo Lord Molécula, cuyo caso ilustra el problema: presencia constante en un espacio oficial, intervenciones complacientes y un beneficio público difícil de justificar.
Aquí hago una pausa. Considero que las mañaneras, durante su gestión, podrían recuperar el sentido original de un ejercicio de rendición de cuentas si se usan para informar con seriedad. A diferencia de Chávez, Maduro y López Obrador, usted puede evitar que ese espacio se convierta en un mecanismo de promoción personal y orientarlo a resultados verificables.
Considerando lo anterior, y dado que la asignación de esos recursos parece depender más de una decisión política que de un método transparente, le propongo dejar de pagar a todos los medios. Me incluyo en esta exigencia porque, aunque la decisión administrativa corresponda al gobierno, el dinero es de todos los mexicanos. Con esos recursos se podrían pagar libros.
¿Por qué pagar libros y no financiar presencias mediáticas sin beneficio público verificable?
La industria editorial nacional atraviesa una crisis financiera. Después de la pandemia, varias cadenas de librerías están al borde de la quiebra o ya han cerrado. El gobierno dejó de comprar libros para la Red Nacional de Bibliotecas desde la Secretaría de Cultura y, en el caso de la SEP, el Programa Nacional de Lectura también dejó de comprar desde la llegada de Marx Arriaga. Con su salida, ni siquiera hay rumores de que esto vaya a cambiar. Es importante recordar que las compras realizadas por la Dirección General de Materiales Educativos estaban enfocadas en fortalecer las bibliotecas escolares y de aula en educación básica. Hasta antes de Marx Arriaga, esas compras se realizaban mediante un proceso abierto, con categorías específicas basadas en las necesidades de las aulas y alineadas con las prioridades de la Secretaría de Educación.
En esas compras, al tratarse de procesos transparentes, podían participar todas las editoriales: las grandes y las pequeñas, incluida la que dirijo. Para las editoriales independientes, el beneficio no siempre estaba en el monto total. Las grandes empresas, con catálogos enormes, se llevaban naturalmente una gran parte del presupuesto; pero para las pequeñas, la compra de uno, tres o cuatro títulos en los mejores años podía significar completar el presupuesto anual y publicar nuevos libros.
Esos nuevos títulos de las editoriales independientes suelen responder a necesidades que las grandes editoriales no cubren porque no siempre son comerciales. Le doy un ejemplo: Nostra Ediciones, la editorial que dirijo, cuenta en su catálogo con varios títulos bilingües, no en español-inglés, sino en español y lenguas indígenas. Tenemos libros en náhuatl, maya, tzeltal, tzotzil, zapoteco y wixárika. Además, esta semana fuimos galardonados internacionalmente por IBBY-UNESCO al incluir La pequeña niña que siempre tiene hambre, de Yasbil Mendoza e ilustrado por Mauricio Gómez Morin, en la IBBY-UNESCO Collection of Remarkable Books in Indigenous Languages. Este reconocimiento se suma a muchos otros que editoriales independientes como El Naranjo, Tecolote, Petra Ediciones y CIDCLI, entre otras, han recibido a lo largo de los años en México y en el extranjero.
El esfuerzo de estas editoriales independientes, más de doscientas en el país, evita que la lectura en México quede monopolizada por las grandes editoriales internacionales y abre espacio para promover nuestra cultura dentro y fuera del país.
Frente a eso, el apoyo público a figuras como Lord Molécula, ¿qué beneficio verificable aporta a los mexicanos?
Citando al titular del Fondo de Cultura Económica: "Educal está de la chingada, la situación financiera es brutal". Esto nos afecta a todas las editoriales independientes. En mi caso, tengo contrarrecibos con EDUCAL, pendientes de pago con vencimiento de un año. No estamos hablando solo de comprar nuevos libros, sino de pagar libros que ya fueron entregados, vendidos y cobrados por Educal. Si no hay presupuesto para cumplir esas obligaciones, no debería haberlo para financiar presencias sin beneficio público verificable en la mañanera.
@Mauricio Volpi
Director de Nostra Ediciones y Panorama Editorial.

