En el entramado de la narcopolítica mexicana varias cosas se quebraron el pasado miércoles. En primer lugar la certeza del grupo en el poder –absolutamente infundada– de que Estados Unidos no procedería con una solicitud de extradición de este nivel: un gobernador y sus más cercanos colaboradores.
Pensaban que la mirada imperial estaba bastante distraída en el Medio Oriente y que, en todo caso, las decenas de narcotraficantes entregados en los últimos tiempos (sin cumplir ninguna legalidad y en detrimento de la soberanía que tanto los desvela) mantenían contento al vecino del norte.
Otro aspecto que los tranquilizaba es que los equipos negociadores del T-MEC ya venían reuniéndose con la intención de adelantar los trabajos previstos originalmente para mayo y julio. Y quizás también hasta el Mundial de Futbol, en puerta, les generaba la ilusión de que estábamos en un momento de remanso. Se equivocaron.
El golpe dado rompe, pues, todas las expectivas inmediatas de un gobierno acostumbrado a abusar del “atole con el dedo” en todos los asuntos internos, pero también en la relación con el país vecino, casualmente la primera potencia mundial. Las advertencias recibidas, una y otra vez, fueron ignoradas o minimizadas; sabían que los narcos entregados no satisfacían la exigencia de EU de que se actuara contra sus cómplices en el gobierno, es decir, quienes les vienen brindando protección al más alto nivel.
Ahora sabemos que la famosa lista de narcopolíticos sí existe y la encabeza Rubén Rocha Moya, con todo lo que eso significa para Morena, el expresidente López Obrador y el futuro del gobierno de Claudia Sheinbaum.
La imprudencia y soberbia –una mezcla fatal– con la que viene actuando la presidenta Sheinbaum es tal, que cuando el pasado 24 de abril alguien le preguntó en su conferencia matutina sobre las declaraciones del embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson (acerca de que en México se requiere de “certeza, seguridad y un entorno libre de corrupción”), casi suelta una carcajada.
Otro episodio reciente, que muestra una enorme falta de tacto político de la Jefa del Ejecutivo, fue cuando se expuso al reproche de la Casa Blanca por su “falta de compasión” ante la muerte de dos agentes de la CIA que murieron en un accidente automovilístico luego de que se desmanteló un laboratorio clandestino de drogas. Lejos de dar su pésame, Sheinbaum y su partido usaron el incidente para poner en el centro la intervención, supuestamente desautorizada, de estos agentes y fustigar a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, llamándola a comparecer ante el Senado y acusándola incluso de “traición a la patria”.
Con enardecido “patriotismo”, la tribu de legisladores +morenista ya llevaba a la gobernadora a la piedra de sacrificios, cuando la acusación y exigencia del gobierno de Estados Unidos les cayó como un rayo. Entre los participantes de este desenfrenado y patriotero bullying estaba el senador Enrique Inzunza, a quien el gobierno de EU también quiere ver enjuiciado en Nueva York. Apenas vio su nombre, desapareció del Senado.
El gobernador Rocha, fingiendo tranquilidad, dijo a un periodista desde su auto, “no va a pasar nada”. Su mensaje previo, en redes, decía que el golpe no era sólo contra él sino contra la 4T y sus “emblemáticos liderazgos”. Tiene toda la razón, pero le faltó aclarar que es contra él, en principio, porque él (aunque no es el único, desde luego) representa como ninguno el nexo del partido en el poder con el crimen organizado.
Las 15 visitas del expresidente AMLO a Sinaloa y las seis que hizo concretamente a Badiraguato (donde llegó a saludar a la madre del Chapo) simbolizan perfectamente los estrechos vínculos entre Morena y el Cártel de Sinaloa. Para explicar sus constantes visitas a esta región, López Obrador dijo, involuntaria y metafóricamente: “Porque estamos construyendo un camino importantísimo por la sierra. Hicimos caminos en toda esa región…”
Esos caminos son los del oscuro financiamiento de su partido y la extensa red de protección política, militar y policiaca al servicio del narcotráfico. Así que, efectivamente, el golpe no es sólo contra Rocha sino contra un régimen y su partido que tienen años de trabajar muy de cerca con la delincuencia.
El “camino importantísimo por la sierra” llevaba a Los Chapitos y al Mayo Zambada; traicionado este, se abrió una confrontación en la que Rocha y Morena tomaron partido por los primeros. En cada línea de la acusación de EU, puede leerse todo cuanto Zambada le ha dicho a la DEA.
Siempre la soberbia y la imprudencia se hacen acompañar de la irresponsabilidad. Ya se vio que Rocha no va a renunciar (como haría cualquier político serio), porque se siente protegido y se sabe un eslabón fundamental en la cadena que une al gobierno de Morena con el crimen organizado. Asumiendo eso, la señora presidenta habló por teléfono con él y le dijo: “Si no hay nada, no hay nada que temer, nada. Tiene que haber pruebas”.
En su prepotente realidad alterna no creen que el gobierno de Trump vaya a actuar por cuenta propia (no leen noticias) y no creen que esto pueda tener otras repercusiones, por ejemplo, en la renegociación del T-MEC. Suponen que el anuncio de que la FGR “investigará” a quien ya fue exculpado por la presidenta es suficiente y les hará ganar tiempo, aunque no creo que sepan para qué (la improvisación es lo suyo).
Al envolverse en la bandera y en la facilona y muy poco convincente defensa de la soberanía nacional para defender las estructuras narcopolíticas, la presidenta se está jugando en una irresponsable apuesta el futuro no sólo de su partido y gobierno, sino del país. Su imprudencia y soberbia no dan para más.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González
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