Hace más de 56 años, el domingo 31 de mayo de 1970, México abría sus puertas por primera vez como sede de la Copa Mundial de Futbol y el ambiente que rodeaba al evento era muy diferente al que se vive en la edición de este año. El público anticipaba con grandes expectativas la competencia y todos los preparativos habían quedado listos desde días previos a la ceremonia.

De los 108 mil aficionados que abarrotaron el Estadio Azteca, aquellos que tenían más solvencia y tenían sus lugares apartados llegaron en coche, mientras que “las gentes humildes montaron tiendas durante la noche y soportaron la lluvia que comenzó a caer ayer poco después de las seis de la tarde para poder ingresar entre los primeros”. La mayor parte de la fanaticada se trasladó por la línea 2 del Metro —la cual dio servicio al público por primera vez, con salidas cronometradas cada 4.5 minutos, y reportó una afluencia de al menos 40 mil capitalinos—, así como por camión y tranvía. A pesar de que se formaron largas colas de vehículos sobre Tlalpan, la circulación siempre fue fluida gracias a las medidas adoptadas por el gobierno.

Ángel Gilberto Adame
Ángel Gilberto Adame

Aunque la temperatura era de 28 grados, en los alrededores del recinto se escuchaban porras, gritos de júbilo y redobles de una banda militar que interpretaba sones marciales, también se veían sombreros, carteles con frases de apoyo y banderas tricolores por todos lados. Además de los asistentes al encuentro, una multitud se congregó en las inmediaciones del Coloso de Santa Úrsula con la esperanza de conseguir un boleto de último momento, sin embargo, más de 10 mil aficionados se quedaron fuera.

Con relación a los boletos, las autoridades realizaron redadas de seguridad, donde consiguieron atrapar a un grupo de revendedores que pretendían montar su propio negocio. También, como parte de este operativo, la Cruz Roja estableció puestos de socorro para los desmayados o lesionados por los apretujones a la entrada del estadio. Pero la emoción no se limitaba a los confines del recinto, pues se calculó que entre 700 y 800 millones de personas de diferentes partes del mundo sintonizaron la radio o la televisión para disfrutar de la contienda.

La ceremonia de inauguración empezó a las 11 de la mañana cuando una banda de la Marina comenzó a tocar durante algunos minutos, después de los cuales inició el desfile de las banderas de los 16 países clasificados, las cuales eran portadas por 300 niños de entre 12 y 15 años. De todos los equipos participantes, sólo estuvieron presentes los jugadores de la Selección Mexicana y los soviéticos, quienes disputarían el partido inaugural. Luego de esto, el presidente de la FIFA, el inglés Stanley Rous, flanqueado por Gustavo Díaz Ordaz y el presidente del comité organizador, Guillermo Cañedo, pronunció algunas palabras agradeciendo los esfuerzos de los organizadores y del pueblo mexicano. Cuando terminó su discurso, Díaz Ordaz declaró inaugurado el noveno Campeonato Mundial de Futbol.

Entre vítores y chiflidos, se soltaron miles de globos de colores y, después de que se entonaran los himnos de ambas naciones, los tres presidentes saludaron a cada uno de los competidores. Algo que llama la atención es que la alineación rusa que recibió el saludo no fue la misma que jugó, pues para que los titulares sufrieran lo menos posible por el calor y la altura de la metrópoli, el entrenador soviético mandó a los suplentes a ocupar su lugar durante la ceremonia. Así, luego de que se diera el silbatazo, arrancó el partido y se dio inicio a un torneo que se volvería inolvidable.

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