México ganó la sede del Mundial 2026 en junio de 2018 en Moscú junto con EU y Canadá. Han pasado ocho años. Ocho años para prepararse, para planear, para anticipar. Y, sin embargo, a un mes del partido inaugural el gobierno de Claudia Sheinbaum exhibe una improvisación que contradice cualquier pretensión de continuidad ordenada con lo que ella misma llama el segundo piso de la Cuarta Transformación.

El primer síntoma está a la vista de cualquier viajero cuando llega al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Las labores de mantenimiento básico que debieron ejecutarse hace años se realizan hoy contra reloj, y dentro del propio aeropuerto existe incertidumbre sobre si las obras estarán terminadas antes del inicio del torneo. Lo mismo ocurre en el caso de Monterrey, en donde no existe un medio de transporte público que conecte el aeropuerto con el Estadio BBVA. Bienvenidos a México, amigos del mundo.

El segundo síntoma fue el caso de la SEP. En cinco días, Mario Delgado protagonizó uno de los episodios más ilustrativos de cómo se toman las decisiones en este gobierno. El 7 de mayo anunció que por decisión unánime el ciclo escolar concluiría el 5 de junio en lugar del 15 de julio. Un recorte de 28 días de clases presentado como acuerdo inapelable. El motivo fue el Mundial y la ola de calor. El vendaval de reacciones fue inmediato. La presidenta Sheinbaum lo reclasificó como propuesta. Se convocó a una reunión extraordinaria y se decidió preservar los 185 días originales. Regresaron exactamente al punto de partida.

Lo más revelador fueron las palabras del propio Delgado al defender la medida. Su discurso quedará para los anales de la historia. Delgado dijo que después del 15 de junio “se cae en un periodo que en realidad se aprovecha para la descarga administrativa”, que las aulas permanecen abiertas “sin un propósito pedagógico, solo por cumplir un conteo”, y que la escuela se convierte en “una estancia forzada” que “desvirtúa la dignidad docente”. Palabras durísimas contra su propio sistema, pronunciadas por quien lo dirige.

Si esas semanas son realmente tiempo muerto, la solución no es mandar a los niños a casa, es llenar ese tiempo de contenido. El Mundial ofrece una oportunidad pedagógica que este gobierno, en su prisa por cancelar, ni siquiera consideró. Ya que somos tan aficionados ¿por qué no implementar clases de futbol, educación física y talleres sobre los países participantes durante esas semanas de fiebre mundialista? Los niños harían más ejercicio, aprenderían geografía e historia, y las escuelas dejarían de ser la guardería que tanto le molesta a Delgado. Pero eso requiere imaginación. Para él es más fácil apagar la luz y cerrar la puerta.

Todo esto apunta a un problema mayor. Sheinbaum necesita urgentemente a alguien que funcione como pararrayos político. Incluso Trump, que tiene un talento innegable para imponer su narrativa, cuenta con Karoline Levitt, una vocera que le cacha más de un problema a diario. Sheinbaum no tiene a su Karoline Levitt. No tiene a nadie que frene a un Mario Delgado antes de que publique un calendario oficial que su propia jefa considera apenas una propuesta. Le urge. Y claro, mejor aún, sería que gobiernen como profesionales, no como improvisados.

Apostilla: El anuncio de Mario Delgado no debió ser solamente que se mantenía el calendario original. Debió haber sido su renuncia. Pero quizás todo esto haya sido producto de la admiración que existe entre algunos en la 4T con el régimen venezolano. En Venezuela los alumnos solo van a la escuela dos días a la semana.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios