Mientras México discute cómo preservar el TMEC, Donald Trump acaba de recordarle a Canadá que, en su mundo, ni siquiera un tratado comercial garantiza protección frente a un arancel.

Esta semana Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, está en México para reunirse con Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum. Una vez más, el gobierno mexicano tendrá que ver la mejor forma de negociar con un gobierno que considera los aranceles una herramienta permanente de poder.

Trump anunció aranceles adicionales de 50 por ciento sobre cerca de 20 mil millones de dólares de productos canadienses. Estratégicamente incluye vino, cemento, muebles, ropa, lácteos y hasta palos de hockey, pero excluye algunas de las exportaciones de mayor importancia como automóviles, madera y semiconductores. Los aranceles entrarán en vigor el 19 de agosto. Para aplicarlos recurrió a la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, la famosa Smoot-Hawley, una disposición cuya aplicación no tiene precedente. Las nuevas tarifas son incluso para bienes que cumplen con el TMEC.

El dato debería encender focos en México. Después de que la Suprema Corte invalidara el uso de poderes de emergencia(IEEPA) para imponer parte de sus aranceles, la Casa Blanca no abandonó la estrategia, buscó otras leyes. Hoy es la Sección 338 contra Canadá. Mañana puede ser otro instrumento contra otro socio. Las empresas no pueden invertir esperando que los tribunales definan cuál tarifa era legal.

Quien dude de la convicción detrás de esta política debería escuchar la entrevista de esta semana a Greer en The Daily, del NYTs. Para él, la política de Trump funciona porque reduce déficits, protege industrias y obliga a otros países a adaptarse. La normalidad comercial anterior era el problema. La pregunta para México es inevitable. ¿Cuál es la mejor estrategia frente a Trump?

Chrystia Freeland, exviceprimera ministra y negociadora del primer TMEC, defendió esta semana en el Financial Times la respuesta canadiense de resistir y pegar donde duele. Canadá ha concentrado su represalia en productos terminados y sustituibles, no en insumos que encarezcan su propia producción. El boicot al alcohol estadounidense es un ejemplo. Sus exportaciones de bebidas a Canadá cayeron 70% entre 2024 y 2025, una pérdida de 536 millones de dólares. Pero las ventas de vino de Ontario subieron 44% y ahora beben vino de sus amigos franceses e italianos.

La lógica es que si vas a responder, no te dispares en el pie. Freeland recuerda que en 2018 Canadá respondió dólar por dólar a los aranceles al acero y aluminio, coordinándose con México y Europa, y once meses después Washington los retiró. Y se pregunta ¿qué habría pasado si, tras el “Día de la Liberación”, el resto del mundo hubiera respondido unido?

México ha elegido otra ruta. La de la cabeza fría, negociación y evitar represalias. Esa estrategia también ha logrado resultados. Nuestra integración con Estados Unidos es mayor y cuando menos estos días hay pláticas con Greer.

Las tarifas a Canadá no entran en vigor hasta el 19 de agosto. Hay tiempo para otro episodio de TACO “Trump Always Chickens Out”. Puede ocurrir. Pero no sé qué tan inteligente sea apostar una estrategia nacional a que Trump vuelva a echarse para atrás.

Trump es disruptivo, pero enfrenta los costos de sus propias decisiones. Hay hoy mucho enojo por el costo de vida y la guerra con Irán. Por eso la visita de Greer importa tanto. México no sólo negocia reglas comerciales. Está tratando de entender qué funciona frente a un Estados Unidos que cambió las reglas. Canadá apuesta por resistir. México, por negociar. En los próximos meses veremos cuál estrategia, si alguna, consigue el bien más preciado en la era Trump: certeza.

@AnaPOrdorica

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