Si algo nos enseñó a toda una generación de cinéfilos (y toda una generación de cineastas), Temporada de Patos (2004) -la ópera prima de Fernando Eimbcke- es que era posible hacer cine prácticamente de cualquier cosa, y con minimalismo extremo, no solo material sino también conceptual.

Eimbcke nos mostró que no existe un ADN del cine mexicano que no se pueda evitar o transgredir. Que el cine nacional no tiene que ser solamente de grandes temas “trascendentes” y escandalosos, que se puede hacer cine a la usanza de Ozu o de Jarmusch: un cine donde aparentemente no pasa nada y no obstante en realidad pasa todo.

Temporada de Patos era una cinta sobre el aburrimiento. Tres adolescentes y un repartidor de pizzas atrapados en un departamento sin energía eléctrica. ¿Qué sucede cuando estás con alguien, pero en realidad no hay nada qué hacer ni a dónde ir? Con un guion de su propia autoría junto con Paola Marcovitch, Eimbcke realizó una película entrañable, con un soberbio trabajo del espacio cinematográfico, y un argumento -que se tornaba doloroso- sobre los sueños de adolescencia y la frustración adulta.

Luego de 22 años de aquella ópera prima que asombró a propios y extraños por igual, Eimbcke regresa (luego de una ausencia de casi trece años) con Moscas (México, España, 2026) su quinto largometraje donde mantiene muchos vasos comunicantes con aquella mítica ópera prima.

También filmada en blanco y negro, Moscas surge de una historia urbana a la vista de todos: un buen día Eimbcke vio un anuncio sobre un cuarto que rentaban para los parientes que tenían algún enfermo en el Hospital 20 de noviembre. En efecto, ese tipo de anuncios es común por la zona, y es bien sabido de todas las historias que los parientes con algún familiar hospitalizado viven a las puertas de tan famoso hospital.

El cartel básicamente contaba la historia, solo había que escribirla. Así -y esta vez junto con Vanesa Garnica- Eimbcke nos presenta la historia de Olga (Teresita Ruiz, sorprendente como es costumbre), una señora, presumiblemente jubilada, que se ve obligada (por la necesidad económica) a rentar un cuarto dentro de su departamento ubicado en el Multifamiliar Miguel Alemán, justo enfrente del Hospital 20 de noviembre.

Carente de toda empatía y acostumbrada a tener el contacto humano mínimo durante todo el día, Olga le renta el cuarto a Tulio (Hugo Ramírez), un señor que tiene a su esposa hospitalizada. “No quiero saber nada sobre tu familiar”, le advierte. Tulio llega al departamento junto con su hijo su hijo Cristian (impresionante Bastián Escobar) pero, para no violar las estrictas reglas de doña Olga (y ahorrase algo de la renta) mete al pequeño Cristian a escondidas en el cuarto.

Por supuesto, eventualmente Olga se da cuenta del engaño, pero empieza a ceder ya que Tulio aceptó un trabajo para así costear los caros medicamentos de su esposa. Olga tendrá que convivir con el niño, algo que ella claramente no quiere hacer, pero tampoco parece quedarle de otra.

El guion de la cinta evita en todo momento el sentimentalismo fácil, pero (como Olga misma) irremediablemente terminaremos afectados por esta historia. El pequeño Cristian se obsesiona con ver a su madre, cosa imposible dadas las reglas del hospital, pero el niño, tan ingenuo como inteligente, urdirá varios planes para conseguir su objetivo.

La historia de Moscas no tiene nada en común con la de Temporada de Patos, pero las herramientas de Eimbcke siguen siendo las misas: un multifamiliar como escenario, el blanco y negro como lenguaje, el vacío como escenografía, los videojuegos como catársis, escape y gozo.

La fotografía (a cargo de María Secco, la mejor fotógrafa mexicana en activo hoy día) no solo presume un soberbio manejo del espacio cinematográfico sino además de encuadres precisos que resaltan la geometría del lugar y sirven también para dar personalidad a los lugares inanimados: el hospital como tótem ominoso, el multifamiliar como videojuego que cobra vida, la subjetiva de la “maquinita” de ‘Cosmic Defenders Pro’ como recurso para capturar el escape de imaginación que provoca el videojuego, una vil maquinita callejera de la cual Cristian es fanático.

Los videojuegos son recurrentes en el cine de Eimbcke, pero -al menos en Temporada de Patos- son apenas objetos secundarios que sirven para describir a los personajes. En Moscas su relevancia es otra: son el espacio de imaginación que alejan a Cristian de la tragedia que viene, son incluso la metáfora sobre la enfermedad de su madre y la forma (al menos en su imaginación) en que Cristian puede tomar parte activa en la lucha de su madre contra la enfermedad.

Todas esas características que Eimbcke imprime en el videojuego y el juego mismo hacen de esta una película que todo gamer debería ver. Pocas veces el cine (ya no digamos el cine mexicano) ofrece una descripción tan sentida sobre el poder lúdico de los videojuegos.

Pero tal vez Moscas no sería tan efectiva, trascendente ni emotiva si no fuera por sus soberbias actuaciones. Teresita Ruiz parece no tener papel que se le resista, y este caso no es la excepción: Olga es un personaje que va en una lenta progresión, desde el rechazo a Cristian a la imposibilidad de dejarlo a su suerte. Tere Ruiz interpreta a este personaje con la delicadeza necesaria para no caer en el sentimentalismo ramplón.

Pero la verdadera revelación es el pequeño (apenas 9 años) de Bastian Escobar. Sin su actuación absolutamente orgánica, llena de tics que no parecen entrenados, sino que surgen de un actor nato, cuyo personaje resulta evasivo, desesperante, incluso agotador, pero que no deja nunca de sorprender por su naturalidad frente a la cámara.

El dolor de Cristian y de su padre se convierte en nuestro dolor. He ahí el mayor triunfo de la cinta, un filme que habla sobre el dolor, la pérdida, el luto, la imaginación, la empatía, la precariedad cotidiana de los que luchan por comprar unas medicinas en este país y, claro, sobre los videojuegos.

Moscas es una película extraordinaria, irremediablemente conmovedora, sencilla en apariencia, pero con una ambición incluso mayor a Temporada de Patos.

Eimbcke sigue siendo un director excepcional y ésta bien puede ser la mejor película mexicana del año.

Al menos para mí ya lo es.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios