Hay mil maneras de vivir la aventura: perderse en el bosque, buscar un par de alas, repetir la frase “hace mucho tiempo en un lugar muy lejano”, hundirse en el mar junto con sirenas o peces que cantan, subir al árbol más alto para liberar a la princesa cautiva en su torre, encontrar la llave del armario donde el lobo guarda sus secretos, entrar al palacio o a la cabaña misteriosa, sorprenderse en el universo de los hechizos y las maldiciones o en el de los objetos mágicos, platicar con criaturas extrañas o con animales que hablan, jugar con dragones y brujas…
Todo eso es posible en la Biblioteca Británica de Londres. A unos días del Día Mundial del Libro, que se conmemora cada 23 de abril, crucé sus puertas para sumergirme en un libro gigante de Fairy Tales (Cuentos de hadas). Se trata de una exhibición interactiva que consiste en un viaje al mundo de las tierras encantadas, los personajes y los cuentos de todos los tiempos y las culturas que han cobrado vida en papel, obras de teatro, disfraces, títeres y marionetas, así como en el arte y las ilustraciones.
Vi niñas y niños entrar a la casa de caramelo con Hansel y Gretel y a la de los tres osos para probar la sopa como Ricitos de oro, tocar la lámpara que hace aparecer el holograma de un genio parlante para pedirle deseos, o cruzar un puente mágico. Hay disfraces, libros en forma de escultura, maquetas y teatrinos. Al mismo tiempo se exhiben viejas y nuevas joyas que conserva la biblioteca. Desde primeras ediciones de los Hermanos Grimm, Andersen y Perrault hasta Dos volcanes, la princesa y el guerrero, libro en el que Duncan Tonatiuh cuenta la leyenda del Popo y el Izta con ilustraciones inspiradas en el imaginario de la comunidad Ñuu Savi (mixteca) o aquel que narra la historia de Urashima Taro, el niño pescador que viaja en el tiempo, relato del folclor japonés que se cuenta desde el siglo XVIII.
Entre otras maravillas se exhibe una recopilación de cuentos de Madame D’Aulnoy, la primera autora en utilizar el término Fairy tales, como tituló su primer libro publicado en 1697. O el que contiene la historia original de La bella y la bestia, que Gabrielle-Suzanne Barbot escribió hace 250 años en Francia antes de que Madame Leprince de Beaumont recortara el texto para publicar la versión que conocemos. Así, se muestran los cuentos originales, pero también cómo se han ido transformando con los años. Si en la versión de Perrault el lobo se come de un bocado a Caperucita, en las de los Grimm la niña es salvada por un leñador. Hoy también se leen cuentos geniales protagonizados por familias diversas y madrastras gentiles. El montaje en cada sala es una obra de arte envolvente y las cédulas están escritas en rima para las infancias. El recorrido empieza con “Había una vez” y termina en pregunta: “¿Felices para siempre?”
Poco antes, visité sobre el canal cerca de la estación de King’s Cross la librería flotante Palabra sobre el agua. Está dentro de una barcaza con chimenea, hay sillones para leer poesía y hojear las más raras y bellas ediciones de libros. Y unos días después, al norte de España, me sorprendieron más indicadores de amor a los libros. Un volante, en Valdevimbre, León (890 habitantes), anuncia “Historias escritas y contadas” para el 26 de abril, un “mercadillo solidario” de libros de segunda mano y un punto de trueque; un taller de marcapáginas, cuentacuentos… Y luego, en Fuentes de Carbajal (19 habitantes), la rica biblioteca de Javier Fernández Agustí, quien me muestra Manuscritos iluminados de Beato de Liébana y otras rarezas.
En un mundo hiperconectado, aún hay seres a quienes les encanta perderse en el bosque. Y nos salvan.
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